Esperanza

Bulla y sentimiento cofrade en San Andrés

  • Sol y nubes se alternan en la salida de la cofradía · Evidencia su buen momento con un gran número de nazarenos · El alcalde realiza una de las primeras 'levantás' del paso de palio

Bulla, bulla y más bulla. Esta procesión es el paradigma de ese tipo de procesiones que se caracterizan por su alegría y arrojo. Guste más o menos, es su sello y es algo que agradecen muchos centenares de fieles al acercarse a la parroquia de San Andrés en esta tarde de Domingo de Ramos. Llegan horas antes del inicio del cortejo para tomar el mejor sitio desde el que contemplar a sus dos imágenes, el Señor de las Penas y la Virgen de la Esperanza. Esta procesión camina diferente, se recrea y, como suele decirse, se gusta en la calle. "No hay otra igual", apunta uno de los costaleros que aguardan su turno en las inmediaciones del paso de misterio. Se ofrece a Córdoba aun a riesgo de perder intimidad, una sensación que queda reducida sólo a los instantes en los que los titulares permanecen en el templo a puerta cerrada. 

En San Andrés y, en definitiva, en todo El Realejo hay muchas ganas de que suene la Marcha Real. Unos minutos antes, sin embargo,  la Agrupación de la Amargura, de Peñarroya-Pueblonuevo, abre la cruz de guía al son de Cristo de los gitanos. El momento más esperado llega pasadas las siete de la tarde, cuando el Señor de las Penas, el de la tez morena que talló Juan Martínez Cerrillo, pasa bajo el arco de la puerta de esta iglesia fernandina. Poco antes suena una saeta, la primera expresión de fe del pueblo hacia el titular. Las siguientes son muy numerosos. Lo piropean, le lloran, le tiran pétalos, le dedican otras saetas y oraciones y le aplauden en cada una de sus levantás.

La bulla no le priva, en cualquier caso, de la gran devoción que le profesan los fieles y la elegancia que le imprimen tanto sus costaleros como los músicos, la citada agrupación de Peñarroya en la parte delantera, la de Nuestro Padre Jesús de la Pasión de Linares tras el Señor de las Penas y su propia banda, la de la Esperanza, que le dedica el mejor de sus repertorios a la Virgen, combinando marchas alegres con otras de corte algo más clásico en algunos de los puntos más bellos de su recorrido, como la plaza de San Miguel.

Es la Cuesta del Bailío, sin embargo, el lugar más destacado del cortejo de la Esperanza si se deja a un lado el de la salida y la llegada en San Andrés. Por el Bailío pasa en su camino hacia la parroquia de Santa Marina, un templo donde estuvo erigida canónicamente la hermandad. Tres horas antes de las diez de la noche, momento en el que la cofradía toma la cuesta, este punto se encuentra totalmente lleno. Se trata de la única ocasión que le queda a los cordobeses para ver una procesión por la Cuesta del Bailío. Centenares de personas no quieren perderse este instante, bello a la par que peligroso precisamente por esa aglomeración en un lugar con tan pocas salidas.

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