ANTONIO ESCRIBANO ZAFRA. MÉDICO

"La voluntad es como un músculo; si se entrena, puede cambiar la vida"

Ni en julio, ni en agosto ni en septiembre. El doctor Antonio Escribano no se toma vacaciones. Dice que “atontan” y prefiere descansar los fines de semana con escapadas a la costa gaditana, a Barbate, donde medita en sus largos paseos por la arena en Zahara de los Atunes. Es su espacio favorito, lo descubrió hace tres décadas, por él ha paseado con sus cuatro hijos y lo sigue haciendo con su mujer, Concha, de la que se enamoró siendo su profesor. Esta playa es la primera imagen que se le viene  a la cabeza cuando necesita desconectar y está vinculada a momentos muy importantes. “A veces, hay que parar y reflexionar antes de actuar”, dice con paso firme el endocrino que ha revolucionado el mundo del fútbol con sus papillas, las que toman los jugadores del mejor Sevilla de la historia, receta que luego ha pasado a otros equipos y esta temporada mantendrán el Athletic de Bilbao, el Tottenham y la selección de baloncesto.

Pero no hay pócimas mágicas. Sólo vitaminas y una buena filosofía de vida. Se la enseñó antes de fallecer su padre, especialista en aparato digestivo y autor de una de las máximas que aplica con su familia y pacientes: las medallas de oro se ganan con esfuerzo. Su padre falleció cuando él, el mayor de 7 hermanos, tenía 21 años y estudió con becas y trabajando. Nunca pierde el tiempo. Dice que, como el dinero, lo mejor es invertirlo y gastarlo con moderación.

El término medio es la clave y hay tiempo para todo: “La vida es como un partido de fútbol, nunca se sabe cómo va a acabar y lo que parece una derrota se convierte en un triunfo, como le ocurrió al Sevilla en 2004, cuando no se clasificó para la Champions y sí para la Uefa. Al final, acabó ganándola”.

 Aficionado al deporte, comenta con entusiasmo los últimos Juegos de Pekín y asegura convencido de que la mejor Olimpiada de la historia se disputaría en Sevilla. “El mejor patrimonio de esta ciudad son los sevillanos, que engrandecen todo lo que tocan”, advierte el médico que disfruta de la doble nacionalidad, pues es cordobés de nacimiento y sevillano de adopción,“y juego en los dos equipos”.

Vive itinerante entre Londres y media España, pero su casa y su despacho están en Córdoba y su segunda consulta en Sevilla. “Cuando no viajo es cuando estoy de vacaciones”, explica. Tiene 58 años y su ritmo de vida es sano, pero poco común. Se levanta a las 5 de la mañana, despacha sus asuntos y desayuna antes de iniciar su jornada laboral de 8 o 9 horas  hasta las 6 de la tarde, con un paréntesis para un frugal almuerzo. Sobre las 7 de la tarde cena y descansa hasta las 11:30 ó 12:00 de la noche que se va a dormir. “Yo prefiero madrugar porque a esa hora es cuando mejor funciona el cerebro”, explica mientras repasa en su portátil las fotos de sus visitas a la playa de Zahara.

Le gusta la fotografía y son sus vicios la electrónica y los coches, los que cambia con mucha frecuencia, siempre controlando las curvas. “La vida es una carretera con tantas curvas como Dios quiera ponerte, no hay que modificarlas, sólo hay que ir salvando los obstáculos y adaptándote a ella, toreando”, argumenta el doctor que se confiesa como muy creyente.

Deportistas de élite y también toreros pasan por sus consultas. Pero sus recetas sólo contienen un genérico: la voluntad. “Para ponerse en forma, adelgazar, lo que hace falta es voluntad. Ésta es como un músculo, que se puede entrenar y en siete u ocho días se puede dar la vuelta a la vida”, confirma.

Sus palabras no dejan a nadie indiferente, ni al más superficial ni al más sabio. “Uno no tiene derecho a nada de entrada, para recibir hay que dar, es como un partido de tenis, la pelota siempre rebota”, dice.

El deporte y la música, desde Emilio el Moro a Mozart, son su referencia. En la época de los Beatles, tocaba la guitarra en Los Kiovas, un conjunto de rock.  Pero sus composiciones están en la cocina. Este especialista en Endocrinología y Nutrición se divierte buscando sabores: “El sabor es al gusto como las notas musicales al oído; el ruido sería como un atracón y hay que huir de ello”. Las croquetas sin aceite son la estrella de su menú. No son mágicas, son sanas, como sus papillas y su filosofía de vida.

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