ochavillo del río

La guerra de harina que abre la Cuaresma

  • Decenas de vecinos se lanzan a la calle para dar la bienvenida al periodo que preludia la Semana Santa

Varias personas participan en la tradicional batalla blanquecina. Varias personas participan en la tradicional batalla blanquecina.

Varias personas participan en la tradicional batalla blanquecina. / r. morales

El miércoles de ceniza se vive en Ochavillo del Río de una manera muy diferente al resto de la provincia desde hace aproximadamente medio siglo. Sus vecinos salen a la calle con bolsas repletas de harina que se tiran unos a otros para festejar la llegada de la Cuaresma. Una celebración que puso de moda hace ya 50 años la panadera de este núcleo de colonización, Amalia Castell, y que desde entonces no ha dejado de celebrarse cada miércoles de ceniza. "Una señora vino al despacho. Mi suegra estaba de luto por su padre y esta señora se hizo la graciosa y le echó talco", recuerda Victoria Hilinger, la nuera de Castell. La reacción de su suegra fue inmediata y "ni más ni menos, cuando vio que le habían puesto blanca, como ella no quería, cogió la harina y se la tiró a la mujer".

En el mismo lugar donde ocurrió todo hace cinco décadas, una panadería reformada en propiedad de la familia de Castell, Hilinger recuerda ahora que "Amalia se reía mucho de aquella anécdota porque era muy alegre". "Cuando vio que ella fue la que originó lo de la harina, se sentía orgullosa de ver que era por ella", narra. Curiosamente, antes de ocurrir esta anécdota en la panadería de Amelia, los vecinos de Ochavillo del Río se arrojaban ceniza el día que comienza la Cuaresma, algo que también se originó cuando dos amigas se tiraron una a la otra este símbolo que marca la apertura del periodo cuaresmal.

El Ayuntamiento ha repartido este año 175 kilos de este polvo blanco de cereal molido

Un gesto al que se fueron sumando los vecinos de manera paulatina año tras año hasta que se convirtió en toda una tradición. Sin embargo, a pesar de la buena acogida que tuvo entre los vecinos, no tardaron en darse cuenta que eso de tirarse ceniza no era demasiado saludable y que dañaba los ojos. Para paliar esta situación, los vecinos decidieron cambiarla por polvos de talco. "El talco, la verdad, era muy caro y la gente no se lo podía costear", explica Hilinger, quien añade que tras el episodio que protagonizó su suegra con la harina "su uso se extendió más porque era más barata".

Cinco décadas más tarde, la Plaza Real de esta entidad, que pertenece a Fuente Palmera, y el trayecto que lleva hasta la plaza de la Fuente -incluida esta última- se convierten en territorio no apto para personas impolutas. En cualquier momento puede aparecer alguien cargado con un arsenal de este polvo blanco que se adhiere de manos a cabezas y por toda la ropa. La escena se volvió a repetir ayer, tal y como hace medio siglo, y entre las 09:00 y las 12:00 tuvo lugar esta peculiar y vistosa batalla de la harina en la que se esparcieron 175 kilos de este polvo fino que se obtiene del cereal molido y de otros alimentos ricos en almidón, distribuidos en un total de cinco sacos con 25 kilos cada uno.

Aunque, además de ese suministro público que se hace desde el Consistorio, "aquí todo el mundo sale por tradición con su propia bolsa", detalla la alcaldesa, Aroa Moro (IU). El ambiente guerrero culminó a media mañana, pero el miércoles de ceniza prosiguió más tarde en torno a un perol de arroz, al que se fueron incorporando los trabajadores al final de la jornada, pues aunque en Ochavillo fue festivo local muchos vecinos salen fuera a sus puestos de trabajo.

Por tercer año consecutivo, además, volvió a desarrollarse el concurso de máscaras, otra tradición que se ha vuelto a recuperar. Tampoco faltaron los juegos populares, entre los que se desarrolló el del porrón o las canciones que se transmiten de generación en generación como Flor de romero. "Es una tradición propiamente dicha porque se encargan siempre las personas mayores de transmitirlo", comenta Moro, quien considera que el de ayer "es un día muy divertido no sólo para los niños, sino también para los mayores".

De esta forma tan variopinta, esta entidad local festeja el comienzo de la Cuaresma. Gracias al gesto de Amalia la panadera, este enclave del Valle del Guadalquivir es famoso por su pacífica batalla de color blanquecino que sirve para dar la bienvenida a 46 días, desde el miércoles de ceniza hasta la víspera del Domingo de Resurrección.

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