La esquina

Andalucismo invisible

AL Partido Andalucista le ocurre, a pesar de su relativa juventud, lo mismo que a los hombres y mujeres maduros: no es que las jóvenes y los jóvenes, respectivamente, no los miren, es que no los ven. Igual a los andalucistas: los electores no es que hayan dejado de mirarlos, sino que no los encuentran, pasan desapercibidos, son invisibles.

Si hay algo en la actividad política peor que todo, incluso peor que una buena división interna, es la invisibilidad, esa maldición que lleva a que nada de lo que haces o dices tenga la menor trascendencia, que tus palabras y tus actos no sean una referencia para un grupo social mínimamente cuantificable, que estés ausente de las instituciones y los foros en los que se debate la cosa pública. La nada sin sifón.

Realmente a la opinión pública le trae sin cuidado conocer hoy si la ex parlamentaria Pilar González ha sido elegida secretaria general frente al alcalde de Utrera, Francisco Jiménez, o ha sido al revés. No es culpa de ninguno de ellos. Bastante mérito tienen al haber echado para adelante su ambición de dirigir una organización que es poco más que un reducto de creyentes en una fe que se resiste a morir. Al que de ellos haya sido signado por al respaldo de los delegados al congreso le queda una labor ímproba de recomposición de náufragos de distintos naufragios -demasiados ya- y de reinserción en la política cotidiana, de la que han sido literalmente expulsados.

Recuerden: el Partido Andalucista carece de representación en el Parlamento de Andalucía -mayor paradoja no cabe- más de treinta años después de su fundación, y por vez primera (hasta en la legislatura más desfavorable hubo dos escaños del PA), no tiene un solo concejal en las ocho capitales de provincia y su mayor presencia institucional reside en las alcaldías de San Fernando y Utrera. Su implantación en el tejido social, que siempre ha sido precaria y territorialmente desigual, ahora está bajo mínimos. En media Andalucía es testimonial, y en la otra media, ni eso.

En estas condiciones, ¿se puede hacer política? Quizás sí, pero sólo con la paciencia, el aguante y la tenacidad que hay que reconocerles a los andalucistas. La endogámica cúpula del PA no ha ayudado mucho en estos años, ni hemos ayudado los medios informativos andaluces, pero es que tampoco ayuda la historia: el nacionalismo andaluz nació a destiempo, tarde y mal, sin tener claro su contenido de clase y vampirizado por el partido hegemónico en Andalucía, que no le ha dejado respirar ni cuando era su aliado. Demasiados inconvenientes para hacerse visible.

El andalucismo no es ya una ideología ni un partido, sino una pasión, incomprensible para los demás, voraz para ellos.

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