Simpatía por el diablo

A mí me gusta Alan Moore como al que más, y lo detesto como el que más. Y es que a veces le da a uno la sensación de que no hay por ahí más cera que Alan Moore, y encuentro la sola idea de lo más ridículo. Cierto es que la poción del inglés tiene un sabor poderoso, con su desordenada mezcla de drama y transtextualidad, la suma de ingredientes mainstream y underground, y su toque final de extravagancia, pero si se piensa en la intimidad se verá que el secreto de su éxito reside más que nada en haber andado caminos ya andados, generalmente poco conocidos. Ya ven que no concedo al inglés la condición de adelantado, sino más bien la del inteligente cartógrafo que aprovecha y hace propias rutas ajenas, por más abruptas que estas sean.

Volviendo a lo dramático y lo transtextual, Century, el tercer volumen de The League of Extraordinary Gentlemen, es de los guisos espesos del escritor, esto es, de los que tiran más a lo segundo. Me explico, van ya publicados dos episodios, Century: 1910 y Century: 1969, y la historia que se nos cuenta antes que simple es simplísima, pero a cambio lleva cada tebeo encriptadas innumerables referencias, para solaz de incondicionales y hastío de condicionales. Resulta una lectura muy de hoy, muy de abrir el libro y la wikipedia a la vez e ir viendo quién es Oliver Haddo y el tal Terner y The Rutles y Tom "mi apellido es un acertijo" y ese Jackie que tanto se parece a Michael Caine y etcétera, etcétera. Es más de entretenerse que entretenido, no sé si me explico.

Al grano: Mina Murray, Allan Quatermain y Orlando desembarcan en el Londres de este particular universo narrativo que aglutina en una todas las ficciones, y lo hacen en 1969, al final de la década del amor. ¿Hace falta decir más? Es Alan Moore, señores, pasen y vean.

Alan Moore y Kevin O'Neill. Planeta DeAgostini. 80 páginas. 4,95 euros.

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