Historia de lo que se ha hecho mal

  • El ex coordinador del proyecto, Juan José Pérez-Borbujo, analiza los fallos en la gestión de un proyecto "que Córdoba no puede perder, con o sin Capitalidad"

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Siete años de trabajo dan para muchos aciertos y muchos errores. "Y sobre este proyecto ha habido una pésima gestión", asegura quien fuera coordinador de las labores desde la preparación del concurso de ideas hasta el año 2004, el arquitecto cordobés Juan José Pérez-Borbujo. Actualmente desligado de la gestión del Palacio del Sur, tuvo una responsabilidad diaria en el desarrollo de los trabajos hasta que decidió, por iniciativa propia, dejar una tarea "en la que no tenía control alguno". Hombre moderado en sus expresiones, Pérez-Borbujo reconoce sin problemas que se han hecho demasiadas cosas mal en un proyecto tremendamente necesario para la ciudad y que "se tiene que hacer", afirma.

Independientemente del acierto o el error al elegir el proyecto, Pérez-Borbujo da en el clavo cuando analiza uno de los grandes males que ha aquejado a esta iniciativa desde el principio. Prácticamente desde que los intereses empresariales entraron por la puerta, se instalaron en el proyecto desde el punto de vista de una constructora y no de una empresa interesada en explotar las diversas partes que componían el edificio multiusos. Desde el principio, las tres firmas que se mostraron dispuestas a estar presentes querían construir y cobrar, no construir y gestionar. Digan lo que digan los políticos, esa ha sido desde el principio la voluntad de la mayor parte de las empresas que se han acercado a la iniciativa.

Con esos mimbres, no es de extrañar que el proceso haya pasado de los 60 millones de euros iniciales -una cifra estimativa de 2001- a los 160 de hace dos años. El arquitecto tiene una fecha clave para explicarlo todo. Acababa la Corporación con la preselección de Ferrovial -que contaba con informes negativos y que se adoptó por presiones políticas de unas inminentes elecciones municipales- y el nuevo equipo de IU intentaba hacer tábula rasa de la etapa de José Mellado. Se tomaron dos decisiones esenciales en ese proceso. Una fue garantizar el equilibrio financiero, según el cual, si se producían pérdidas significativas, el Ayuntamiento cubría la diferencia. La segunda, entregar el control de ingeniería y arquitectura a Ferrovial para ahorrar esos fondos a la Gerencia. La consecuencia, afirma Pérez-Borbujo, fue un acuerdo entre la empresa concesionaria y la oficina de Rem Koolhaas para diseñar el edificio que más le interesaba al cliente, que es Ferrovial: un proyecto más sencillo pero mucho más caro donde el margen para un constructor era mucho mayor. Al principio, se calculaba la previsible aportación pública en unos cuatro millones anuales. Hoy esa cantidad sería muy superior cuando, desde el principio, se era consciente de que el Ayuntamiento no tenía músculo para aguantar por sí mismo la inversión.

Existe un tercer factor de relevancia en la historia reciente del Palacio del Sur, y es su gestión política. Un proyecto de este calado necesitaba de consenso político y ciudadano, que nunca ha existido puesto que buena parte de la clase política y empresarial ha visto la iniciativa como una cara excentricidad. Y, puntualiza Pérez-Borbujo, no se ha adoptado la decisión correcta: "Montar una oficina especializada que trabajara mañana, tarde y noche con un presupuesto determinado sin presiones políticas".

El centro de congresos ha ido dando tumbos desde el antiguo gabinete del gerente de Urbanismo, a una consultoría externa, a la oficina que en su día creó Ferrovial, a personal del Servicio de Proyectos y a la oficina de Rem Koolhaas en el tiempo que le dejaba libre la macrosede de la televisión china. Demasiados cambios con acelerones y parones motivados casi siempre por la incertidumbre de las elecciones y, sobre todo, mucha espera.

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