Brilla la cordobesa Rocío Romero

Después de la buena imagen que dejaron el pasado jueves el salmantino Manuel Diosleguarde y, especialmente el colmenareño Francisco de Manuel, quienes cortaron sendas orejas en la Maestranza, en la noche de ayer destacó la cordobesa Rocío Romero en una novillada de Villamarta, desigualmente presentada y en conjunto noble; en la que desentonaron el quinto, que topaba y se frenaba y el manso sexto. Varios novilleros pecaron de faenas excesivamente largas y de escaso brillo artístico.

Rocío Romero fue quien consiguió lo de mayor solidez, con seriedad y poso. Le tocó en suerte un animal noble, ante el que apuntó un buen juego de brazos en el manejo del capote a la verónica y estuvo variada en quites, aportando otras suertes como tafalleras... Lo más lucido se le vio en el manejo de la franela. A Romero, que tiene temple, le gusta torear despacio, lo que consiguió en varios muletazos de buen trazo por ambos pitones y vaciando las embestidas en remates puros, con buenos pases de pecho. Hubo naturales muy expresivos, con mucha clase y despaciosos, cogiendo el estaquillador del centro y llevando toreado al novillo. Todo ello lo hizo en los medios. Algunas series, quizás, supieron a poco porque pecaron de cortas. Resultó una buena obra para una novel. Mató de media habilidosa y cobró una merecida oreja, única del festejo.

La novillera consiguió merecidamente el único trofeo del espectáculo nocturno

El nazareno Adrián Ruiz, de la Escuela Taurina de Camas, con el escurrido y encastadito primero, concretó una labor muy larga y voluntariosa que comenzó por bajo y cerró con manoletinas. Dio una vuelta al ruedo tras petición.

El sevillano Jesús Cuesta, de la Escuela Taurina de Sevilla, con el noble tercero, realizó un trasteo casi interminable y académico que comenzó con estatuarios y cerró con un mal manejo con la espada para ser ovacionado.

El sanjaviereño Ramón Serrano, de la Escuela Taurina de Murcia, que brindó a Pepín Liria, realizó una labor voluntariosa, con un comienzo explosivo con la diestra -intercalando dos muletazos por la espalda y una arrucina-. La faena, que fue a menos, la rubricó de pinchazo y estocada para ser silenciado.

El pacense Ismael Jiménez, del Patronato Municipal de Tauromaquia de Badajoz, pundonoroso y con oficio, se enfrentó a un hueso duro de roer, el quinto, que topaba y se frenaba. Hubiera merecido la pena verle con otro oponente. Dejó buenas sensaciones y tras una estocada dio una vuelta al ruedo tras petición con aviso.

El torrentino Miguel Polope, de la Escuela Taurina de Valencia, no aportó nada ante un manso de libro. En banderillas, resultó cogido Antonio Ronquillo, sufriendo un varetazo en la región inguinal derecha.

En el espectáculo, el toreo de Rocío de Córdoba fue un respiro gratificante en la asfixiante noche sevillana.

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