El fracaso de los primeros de la clase

  • El 68% de menores con superdotación intelectual fracasan en la escuela · El 2% de la población tiene altas capacidades, pero sólo 3.000 alumnos de este tipo están identificados por el sistema educativo

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"Me aburro"; ésa es la frase más repetida por la gran mayoría de los niños con altas capacidades, con coeficiente intelectual de 130. Este hecho lleva a que el 68% de los niños superdotados acaben en fracaso escolar. En cada aula puede haber un niño con superdotación intelectual o un talento específico, aunque muy pocos están identificados y complementan su formación.

El 2% de la población, unos 300.000 alumnos españoles, según los estudios, tiene potencialmente altas capacidades, pero apenas unos 3.000 están reconocidos por el sistema educativo, con medidas de flexibilización o aceleración de cursos. Esto provoca que la mayoría de los alumnos se desmotiven, rindan poco, se aíslen y incluso, al llegar a la adolescencia, sin hábito de trabajo, suspendan o abandonen los estudios.

El fracaso escolar entre estos cerebros es superior al 68,3%, asegura Marta Eugenia Rodríguez, directora de Sapientec, que imparte cursos de formación preuniversitaria a medio centenar de menores seleccionados por la Asociación Española para Superdotados y con Talento (AEST).

En el curso 2005-2006 -últimos datos disponibles-, el Ministerio de Educación tenía identificados 3.020 alumnos con sobredotación intelectual. De ellos, 87 cursaban Educación Infantil, 1.807 Primaria, 976 Secundaria, 149 Bachillerato y uno FP de grado medio. Un tercio de estos alumnos (970) estudiaban en centros privados y el resto (2.050) en públicos. Más de una cuarta parte estudiaba en Andalucía (836 alumnos), seguida de Madrid (473), Castilla y León (302), Galicia (244), Valencia (211), Murcia (130), Canarias y Cataluña (ambas 121), Navarra (113), Castilla-La Mancha (106), Extremadura (67), País Vasco (64), Baleares y Cantabria (ambas 60), Aragón (49), Asturias (45), La Rioja (17) y Ceuta (1).

Por su parte, las asociaciones de padres alzan la voz y critican la demora en identificar a estos alumnos y aplicar la ley, que establece adaptaciones curriculares para su progresión. La presidenta de AEST, Alicia Rodríguez Díaz-Concha, explica a este periódico que estos alumnos tienen una edad cronológica, "pero su edad mental está muy por encima. No se entienden con sus compañeros, no tienen los mismos intereses ni las mismas normas, se aíslan, se sienten diferentes" y pueden llegar a la hiperactividad, depresión, enfermedades psicosomáticas, ansiedad, fiebre, bulimia o anorexia.

"Son muchos años para ellos dentro de un sistema educativo en el que es muy difícil poder ser evaluado, tardando cursos en actuar la Administración educativa y aplicar medidas como que se les pongan las adaptaciones curriculares pertinentes para cada caso, relata Rodríguez. Unos tienden a transitar por los cursos tan sólo pasando, otros suelen protestar y de alguna forma ser el incordio de la clase, otros que es el caso mayoritario, van bajando sus notas ya en la ESO y otros abandonan el instituto al cumplir la edad. Así es la realidad de la mayoría de estos alumnos con coeficiente intelectual elevado.

Pero no hay equipos suficientes para atenderlos en la escuela, y después de gastarse los padres el dinero en informes privados -entre 300 y 1.200 euros- la Administración "no los admite", cuenta Rodríguez. No es el único problema, ya que "no todos los profesionales de los equipos de orientación conocen bien las características de estos niños, lo que hace muchas veces a los padres realizar una segunda valoración", revela la presidenta de AEST.

Una verdadera odisea para estos niños y padres a pesar de existir una ley dictaminada para este colectivo. "Lo que faltan son recursos y verdaderas políticas educativas que en el menor plazo se pongan en práctica. Y hay una beca que prácticamente hay que ser un indigente para poder conseguir", declara Rodríguez.

Hay estudios, realizados por expertos, que reflejan que los tutores, que son quienes están más en contacto con los alumnos, no suelen ver sus capacidades. Mientras que los padres en un 98% de los casos son los primeros en dar la voz de alerta. "Se confunde aún lo que es un alumno con altas capacidades intelectuales con alumnos brillantes", concluyó Alicia Rodríguez.

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