Cuatro generaciones para la Paz

  • José Gálvez ha inculcado a toda su familia la devoción hacia la titular de la cofradía de Capuchinos, de la que fue capataz de su paso de palio a lo largo de 25 años y hermano mayor de la cofradía durante 11

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La familia Gálvez y la cofradía de la Paz, la cofradía de la Paz y la familia Gálvez. Dos nombres diferentes y una misma realidad. Durante sus más de 90 años de vida, José Gálvez ha dejado el mejor legado a sus descendientes: la devoción a los titulares de esta hermandad de la plaza de Capuchinos. Este trianero de nacimiento y cordobés de adopción, vive de una forma especial la Semana Santa, del mismo modo que lo hacen sus hijos, sus nietos y sus biznietas, todos ellos hermanos de La Paz y Esperanza desde sus primeros años de vida.

José Gálvez entró en la cofradía en el año 45 y un año después fue nombrado capataz, una responsabilidad que no abandonaría hasta un cuarto de siglo después. En 1971 fue nombrado hermano mayor, un cargo que ocupó hasta 1982. "Además, mi mujer fue camarera de la Virgen durante más de 16 años", narra con una lucidez asombrosa pese a su avanzada edad. Este nonagenario no concibe una Semana Santa fuera de Córdoba. "Yo vivo para la cofradía y me moriré con ella", sentencia. Hoy apenas sale a la calle, pero la fiesta de regla, el besamanos o la procesión del Miércoles Santo son momentos "únicos" que vive con la emoción a flor de piel.

José recuerda con devoción su primer encuentro con la Virgen que le conquistó su corazón. Corría la década de los 40, cuando el paso se montaba delante de lo que hoy es la Diputación. Luego, tenían que llevarlo hasta Capuchinos, desde donde salía el cortejo procesional. "Al capataz de entonces los costaleros no le hacían apenas caso cuando daba toques en el llamador; entonces, yo sacaba mi placa de policía secreta y trasladábamos el paso sin ningún problema", recuerda con una sonrisa en sus labios. Aunque La Paz es su virgen, a José le gustan todas las cofradías. "He salido como capataz todos los días, excepto el Viernes Santo, que me gustaba sentir el racheo de los costaleros con mi señora e hijos", dice. Su vocación y dedicación a la Hermandad de La Paz y Esperanza, le ha valido el distintivo de hermano mayor de honor de la cofradía y el de Cofrade Ejemplar de Córdoba en 1987. El libro que se editó con motivo del Cincuentenario de La Paz lleva su firma y la de su hijo José, a quien se debe buena parte de las fotografías. Miguel, su otro hijo, pertenece a la cofradía desde hace 66 años, toda su vida. Nació en Madrid, pero a los pocos meses trasladaron a su padre aquí, "así que soy casi tan cordobés como San Rafael", bromea. Desde el primer momento, su familia se enamoró de La Paz, aunque por esta zona también salen la hermandad de la Sangre y la de los Dolores, "de la que mi madre era muy devota". Como a su padre, también le gustan todas las cofradías, "aunque La Paz es La Paz", apostilla. Miguel tiene dos hijos, que también son devotos de la Virgen que tiene enamorada a su familia. El mayor de ellos ha sabido inculcar esta devoción a sus dos hijas -de ocho y cuatro años-, quienes han recogido el testigo que les ha ofrecido su bisabuelo.

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