Santa Faz

Tañidos de entusiasmo en la Trinidad

  • La hermandad suspende su estación de penitencia en la Catedral y modifica su recorrido de regreso

Tarde de transistores en la Trinidad. Auriculares y noticias confusas bajo un cielo plomizo: "La Agonía no sale, El Prendimiento sí", retransmite un joven a su grupo de amigos. Queda un poco de esperanza. Las nubes se pasean sobre la multitud que espera en Lope de Hoces la salida de la Santa Faz parapetada bajo los paraguas. Hay confusión y nerviosismo, ilusión y desconcierto revueltos por el viento y por las nubes que corren.

Dentro del edificio parroquial, la junta de gobierno se reúne por segunda vez a las 19:00 para tomar una decisión definitiva sobre su salida. La reunión concluye y los hermanos bajan la angosta escalera con la sentencia definitiva: el "sí" se difunde rápidamente gracias al boca en boca, se multiplica por efecto de las redes sociales, salta de un twuit a otro, es festejado por los dos aldabonazos que anuncian la salida definitiva de la cruz de guía.

En la calle Lope de Hoces algunos balcones lucen engalanados con faldones granate, y los internos de la residencia de mayores se asoman a la calle para reencontrase con Nuestro Padre Jesús Nazareno. Los cubrerrostros morados de los penitentes y las velas apagadas despuntan entre la multitud, avanzan hacia la Carrera Oficial en un itinerario que, por culpa de la lluvia, no hizo estación de penitencia en la Catedral. Inquietud y nervios bajo un cielo cambiante.

Y entonces el paso caoba y plata del Nazareno se asoma al dintel de piedra de la parroquia, una estrecha brecha en penumbras por la que apenas cabe el misterio. El hermano mayor y capataz, Rafael Soto, da las instrucciones. La multitud calla y observa el leve movimiento del paso, cada instante de su recorrido a pocos centímetros de la piedra que hiere. Asoman jarros de rosas granates y candelabros que se enroscan contra el cielo inquietante. "Izquierda, adelante", indica la voz tras dar un toque con un martillo de plata. Nuestro Padre Jesús Nazareno alarga su mano derecha hacia Santa Verónica, en un gesto de agradecimiento por limpiar su rostro; la otra mano abraza el madero oscuro de la cruz trinitaria mientras las campanas de la parroquia festejan la salida del cortejo.

Toques de entusiasmo que se repiten a la salida de María Santísima de la Trinidad, tañidos que se confunden con las notas de Encarnación coronada y que suenan a himno de agradecimiento por la tregua de la tormenta. Dios te salve, María, entonan los niños de la escolanía de los trinitarios. Vocecillas infantiles y flores blancas que salen a la calle, como luces de esperanza entre el mal tiempo.

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