San Francisco se convierte en otro Huerto de los Olivos

  • El silencio irrumpe en el Compás de San Francisco tras la llamada a la puerta para iniciar la procesión.

La estampa pétrea y uniforme de la parroquia de San Francisco y San Eulogio desapareció ayer por la tarde tras la llamada a su puerta del vocal de estación de penitencia de La Oración en el Huerto. En ese momento, y como si de magia se tratara, el templo dejó al descubierto sus entrañas, radiantes con la cálida luz de las velas y los vivos colores de los tapices florales.

El sol aún brillaba con toda su fuerza a las 19:00, hora en la que estaba previsto la salida de Nuestro Padre Jesús de la Oración en el Huerto. Los fieles se agolpaban en el Compás de San Francisco, la calle de la Feria y el arco del Portillo para ver el inicio del desfile procesional de esta cofradía. El olor a azahar que desprendían los naranjos se mezclaba con el ambiente primaveral de un Domingo de Ramos esplendoroso. El barullo de San Francisco se calmó cuando salieron del templo los primeros nazarenos vestidos de verde y blanco. Jesús de la Oración en el Huerto se asomó al dintel de la portada principal de la iglesia con un movimiento suave y pausado. Apareció entonces el rostro ausente del Señor, una talla anónima del siglo XVIII que dialoga con el Todopoderoso poco antes de saber que va a ser traicionado. Junto a él, la imagen de un ángel portando un cáliz  que intenta reconfortar el sufrimiento del hijo de Dios.

Las ramas del olivo situadas a la espalda de la imagen se doblaron a su paso por la puerta de entrada. No se escuchaba ni un alma respirar, ya que la emoción y la expectación del momento sobrecogía a todos los espectadores por igual. Jesús en el Monte de los Olivos avanzaba por el compás al son de la música de las trompetas y los tambores para adentrarse en la calle de la Feria que le conducirá hasta la carrera oficial.

Tan sólo unos minutos después los efusivos aplausos anunciaban la salida del templo del Señor Amarrado a la Columna, una valiosa talla del barroco granadino de la que la ciudad ha estado privada durante algo más de cuatro décadas y que volvió a salir en procesión en el año 2004. Los últimos rayos del sol se reflejaban en la mirada de dolor del Señor a la espera de comenzar su procesión por el barrio de San Francisco. "Señor, por favor, sólo te pido salud  y trabajo para toda mi familia", le suplicaba una devota, con lágrimas en los ojos, tras los primeros pasos del desfile procesional. Y es que los vecinos de este barrio son fervientes devotos de los titulares de esta hermandad y año tras año los esperan impacientes horas antes de su salida en estación de penitencia. 

Mientras el Señor de la Columna se adentraba en el barrio, todo estaba preparado para recibir a la Virgen de la Candelaria, una imagen tallada en el siglo XX por Antonio Rubio pero de gran belleza y dramatismo. La luz de sus velas se podía ver a varios metros de la entrada. Muy despacio, los costaleros calculaban las medidas de la puerta de entrada de la parroquia para no rozar ni un milímetros del palio de su dolorosa. Y así poco a poco se abrió paso entre la multitud que la esperaba para recrearse en su hermosura en una tarde de temperatura agradable y en la que el típico y conocido barrio de San Francisco  volvió a quedar embaucado por su hermandad.

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