Pinturas sobre la medicina

A lo largo de los siglos los médicos han aparecido relacionados con el mundo del arte, y de una manera muy especial al de la pintura, ya sea como mecenas, como coleccionista o como modelos del acto creativo. Sobre este último aspecto, se centra el libro de Fernando Escribano, que recoge 96 obras que tienen por objeto la figura de médicos con nombres y apellidos. Muchas de estas obras, consideradas maestras, están hechas por artistas de la talla de Goya, Rembrandt, Manet o Dalí que deciden retratar al médico con el que le han unido una relación de agradecimiento o respeto.

Tal es el caso del retrato hecho por Frida Kahlo al doctor Farill en 1951. Este doctor había intervenido a la pintora en varias ocasiones por sus problemas de columna vertebral. Impedido, como ella, se desplaza con muletas. Su carácter comprensivo y bondadoso hace que se gane el aprecio de la artista. En agradecimiento a sus servicios Kahlo le realiza un retrato y se lo regala en 1951. La belleza de esta pintura reside en que la pintora incorpora un autorretrato suyo sentada en una silla de ruedas junto al del doctor, y porta en la mano una paleta de color que es un corazón sangrando. De esta forma Kahlo quiere expresar el profundo afecto hacia su médico.

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