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La metáfora del trenecito hidráulico

  • Hay que esperar. Los proyectos avanzan despacio en la provincia, como el convoy casi de juguete que ayer viajó de Almodóvar del Río a la capital exigir, de nuevo, el Cercanías

Detalle de la caravana con la que la plataforma ciudadana #Nopasesdemí se desplazó ayer a Córdoba. Detalle de la caravana con la que la plataforma ciudadana #Nopasesdemí se desplazó ayer a Córdoba.

Detalle de la caravana con la que la plataforma ciudadana #Nopasesdemí se desplazó ayer a Córdoba. / jordi vidal

El único tren que por el momento realizará el recorrido entre Almodóvar del Río y Córdoba capital es el modelo hidráulico en el que se ayer se paseó la alcaldesa cuca, María Sierra Luque (IU), y los integrantes de la plataforma #Nopasesdemí para exigir a las administraciones competentes que apuesten de una vez por todas por el Cercanías de la Vega del Guadalquivir. El trenecito hidráulico lo mismo vale para un roto que para un descosido: para pasear a los niños y a los abuelos en las campañas de Navidad, para llegar a los recintos feriales y ahora, también, como irónica metáfora de lo que les espera a los vecinos de Palma del Río, Villa del Río, Pedro Abad o Almodóvar del Río. Esto es, nada. Seguir protestando porque, que se sepa, poco interés existe en el Gobierno central para convertir esta línea ferroviaria en eje de comunicaciones primordial entre el Este y el Oeste de la provincia, como demandan los vecinos.

A quienes ayer participaron en la enésima protesta que convoca la plataforma ciudadana les queda por tanto tiempo para enriquecer el toque de la batukada, poner a punto su bicicleta o perfeccionar el movimiento de bandera para próximas protestas. Porque quedan unas cuantas hasta que un tren de verdad -y no el trenecito de juguete que la plataforma fletó ayer- sea una alternativa real al vehículo o el autobús en los desplazamientos hacia la capital, con lo que ello supondría desde el punto de vista económico o medioambiental.

Mientras tanto, en Peñarroya-Pueblonuevo, grupos políticos y colectivos de izquierdas retomaron ayer las movilizaciones para exigir al Gobierno central más claridad sobre el cementerio nuclear de El Cabril después de que determinadas voces hayan advertido de que la instalación, enclavada en pleno corazón de Siera Morena, estaría recibiendo residuos de alta intensidad, para los que no tendría autorización. Es un tema recurrente de la izquierda en la provincia, que observa cómo la ciudadanía, impertérrita y volcada en otros asuntos, oye ya estas protestas como quien escucha lluvia de fondo.

El Cercanías de la Vega del Guadalquivir y El Cabril. Asuntos pendientes como hay otros cuantos en la provincia que regresan a primera línea informativa cada cierto tiempo, sin que las administraciones competentes sepan dar explicaciones certeras sobre los interrogantes que plantean. Hay otros cuantos, pero mejor no desenterrarlos ahora en estas líneas. Se ve que en esta provincia las cosas avanzan despacio, muy despacio, como ese trenecito hidráulico salido de un cuento infantil que ayer recorrió el camino entre Almodóvar del Río y la capital, mitad esperpento mitad dolorosa realidad.

Porque quienes deben tomar las decisiones para que esto cambie parecen absortos en otros asuntos. A nuestros representantes públicos se les ha visto esta semana plantando coles y lechugas en el Bulevar del Gran Capitán con motivo de la celebración del ecomercado de Biocórdoba; ojeando mieles en el Palacio de la Merced durante la inauguración de la feria de la apicultura; compartiendo el primer brindis navideño con anís de Rute o bromeando en catalán durante el congreso que designó a la nueva presidenta de las Nuevas Generaciones del PP en Córdoba. Las fotos, las inauguraciones y los actos oficiales forman parte del trabajo de todo cargo público, es lógico, pero por encima de toda esta puesta en escena debe prevalecer la gestión.

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