Los inmigrantes culpan de su situación a la falta de control en las contrataciones

  • Magrebíes y subsaharianos agolpados por decenas a las puertas de la Cruz Roja de Baena y en situación legal aseguran que les está haciendo daño la elección de 'sin papeles' para trabajar en tajos

Mohamed Baba se siente "ninguneado" y dice "no entender cómo no se vigila que se cumplan las normas laborales de este país". El marroquí de 42 años no comprende de qué le sirven los casi diez años que lleva "siéndole fiel a los olivareros de Baena, con los papeles en regla, si luego deciden dejar aquí tirados a gente que estamos legales".

Y es que muchos de los inmigrantes magrebíes y subsaharianos que continúan infructuosamente esperando por decenas una oportunidad laboral en la campaña de la aceituna a las puertas de la Cruz Roja baenense insisten en que buena parte de la culpa de su situación la tiene la falta de control en las contrataciones. No olvida tampoco culpar de la situación al contingente, sobre todo de inmigrantes rumanos, que las organizaciones agrarias contratan en origen. "Si no trabajas, no pagas el sello y no puedes renovar los papeles", apostilla, a la par que se queja amargamente de que él y los suyos tengan que dormir en las instalaciones de un lavadero de coches o "pasando también frío en cualquier lugar del campo donde al final puedes mal acomodarte".

Las instalaciones de la Cruz Roja tan sólo tienen espacio para que pernocten 28 personas, mientras que a más de un centenar les han buscado acomodo en una iglesia evangélica. A pasar de esas dificultades, Baba asegura, al igual que otros magrebíes, que aguantará hasta el final de la campaña a la espera de oportunidad. "Yo y muchos como yo no tenemos dinero para ir a otra parte", subraya.

Mohamed Bachir tiene menos paciencia. Lleva un mes esperando un trabajo a las puertas de la Cruz Roja y afirma que tan sólo se da una semana más de plazo para quedarse en Baena. "Es la primera vez que vengo después de que me aseguraran que podría haber empleo. Mi trabajo es de albañil, pero la construcción no nos da trabajo ni a mi ni a mi amigo Hama di", que no se separa de él. En Marruecos le esperan su mujer y sus dos hijos.

El boca a boca entre ellos les ha conducido también a esa situación. El marroquí Radouane Fahmi, de 19 años, se aventuró a iniciar su drama laboral baenense por recomendación de su amigo Mohamed El Saime, de 21, con el que compartía piso en Madrid. "El que era mi jefe y que nos prometió trabajo ha preferido contratar a rumanos y a españoles", relata el último. Llevan en Baena 20 días y afirman que sólo aguantarán otros 15.

La historia del senegalés de 30 años Mamadú Ba es distinta. Llegó hace 11 días a Baena y confía en que los papeles que espera sean su pasaporte para una contratación que tiene apalabrada, mientras que el también senegalés Ndiaye Mbolle, de 30, desespera tras llegar sin un trabajo prometido de la aldea de Zamoranos. "Llevo también 11 días y estoy dispuesto a aguantar otros 15", relata. "Lo que no es normal es que cotices 20 años a la Seguridad Social y no sirva de nada", detalla un subsahariano, apoyando a Mohamed Baba.

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