Un gran toro, mucho más que una oreja al Cid y la Puerta Grande del Fandi

Dos orejas para El Fandi, que naturalmente salió a hombros, y un apéndice para El Cid, cuentan mucho menos que un maravilloso toro de Manolo González, el quinto, premiado con la vuelta al ruedo, en Valencia.

Se mezclaron muchas cosas de muy distinto signo en la tarde. Los vibrantes tercios de banderillas del Fandi, quizás lo mejor de la función en lo que a toreo se refiere. La tranquilidad aparente de Ponce intentándolo con un lote imposible. La ausencia de armonía en la faena del Cid al gran quinto, el toro de la feria.

Precisamente hay que empezar por ahí, por ese toro quinto, para resumir el gran suceso de la tarde. Tomó el capote con son y mucho temple, muy humillado y largo, muy largo en el viaje. Toro prototipo del encaste Núñez, del que alguna vez se dijo que tiene un tranco más en la embestida. Gran toro para todos, fundamentalmente para el torero por las facilidades que le brindó a la hora de torearle, y para el aficionado por el impresionante espectáculo de bravura que desarrolló. Lo único, apuntado queda, la sospecha de afeitado. Pero de esto no tiene la culpa el toro. El Cid lo toreó bien en el recibo a la verónica. Tomó dos puyazos empujando con la cara abajo, y entre medias un quite por finos delantales. En la muleta, notables desigualdades por parte del torero, que tardó en bajarle la mano, llevándole siempre a media altura y despegadito. Otra falta imperdonable fue el corto número de pases en cada serie -de tres y el de pecho, incluso menos, de dos y el remate-, cuando el toro pedía mucho más. Tenía que haber crujido la plaza con tandas de cinco, seis, siete, y de ahí para arriba, en base a lo que aguantaba el toro. Al Cid le vino ancho. Y sin estar mal, aquello supo a poco, pues cortó una oreja donde había claramente dos. Dicho más claro: una oreja por media faena. Fue lo que hubo. La plaza rindió honores aplaudiendo de pie en la vuelta al ruedo a los despojos del animal. Loor al toro. En el primero de su lote, toro con expresión de becerro, el trasteo del Cid fue también vulgar y ventajista.

Al Fandi se le reconoció no sólo la espectacularidad y eficacia de sus tercios de banderillas, sino también sus felices y variadas intervenciones con el capote, sobre todo en el sexto de la tarde. Con los palos, auténtico acabose, atacando por los dos pitones, vistoso y muy seguro. En el sexto, hasta cuatro pares. Lo malo, frecuente en él, la muleta. Al aire del buen toro en el tercero. El sexto fue muy exigente, y ahí acertó buscándole el pitón contrario. En los dos, la estocada fue decisiva.

Tarde aciaga para Ponce, por las complicaciones de sus toros, sobre todo el cuarto, y también por el escaso reconocimiento de la plaza a su esfuerzo. No se le vio descompuesto, ni siquiera agobiado. Lo intentó de mil maneras, y este aspecto estuvo sobradamente bien. No se entiende el poco eco que tuvo. Ingrato.

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