De la nostalgia andalusí a los artesanos de las seis cuerdas

  • Los guitarreros cordobeses reciben un homenaje por parte de seis tocaores y Simo Baazzaoui acerca flamenco y música marroquí

En la oscuridad del Patio de los Naranjos de la Mezquita-Catedral, entre columnas y arcos, suena la guitarra flamenca, un instrumento íntimamente ligado a Córdoba tanto por sus grandes tocaores como por los artesanos que la crean. Esa labor callada y desconocida para la mayoría del público recibió en la pasada Noche Blanca del Flamenco un emotivo reconocimiento de manos de quienes mejor la conocen: los guitarristas.

Con alabanzas al instrumento de las seis cuerdas -"¿Qué sería de mi vida sin ti?", señalaba el montaje audiovisual en la presentación del espectáculo-, comenzó un homenaje a los guitarreros cordobeses Graciliano Pérez Carrizosa, José Rodríguez, Juan Montero, Manuel Reyes y Miguel Rodríguez Beneyto.

Tuvo especial acogida la actuación de El Tomate y el acompañamiento de Alejandro Rodríguez

Con los arcos del Patio de los Naranjos a modo de boca de una guitarra, el vídeo mapping introdujo al público -entre los que se encontraban algunos guitarreros y sus familias- en la importancia que tiene este trabajo artesanal. Aunque, como suele ocurrir en estos espectáculos al aire libre y gratuitos, no todo el mundo pudo escuchar bien la voz en off debido a las charlas de algunos asistentes. Incluso algún botellónpasó desapercibido a los vigilantes que controlaban la entrada y salida y se coló en el patio.

Uno por uno, el montaje se centró en el descubrimiento del oficio por parte de los guitarreros homenajeados, destacando también cuáles han sido algunos de sus clientes más reseñables. Comenzó Jesusito Gómez recordando a Graciliano Pérez, al que siguió el toque de José Tomás dedicado a José Rodríguez. Tras esto, fue muy destacada la actuación de Juanma El Tomate y su acompañamiento al baile por el joven bailaor Alejandro Rodríguez, que homenajearon a Juan Montero. José Luis Antolí y Juani Marín se centraron en Manuel Reyes y, por último, Rafael Rodríguez Merengue de Córdoba rindió tributo a Miguel Rodríguez.

Mientras tanto, el Compás de San Francisco se trasladaba hasta otra época, a un Al-Ándalus en el que el flamenco y la música marroquí se fundieron en una única melodía. El encargado de guiar al público en ese viaje fue Simo Baazzaoui, guitarrista flamenco marroquí que estuvo acompañado por un grupo en el que también se mezclaron las dos tradiciones musicales. Así, hubo flauta árabe, cante árabe y percusión marroquí, junto a cante flamenco, cajón y bajo.

De forma puntual, Simo Baazzaoui apareció solo en el escenario para dedicarse primero al flamenco, con tarantas. Su acompañamiento se fue incorporando de forma progresiva hasta formar un gran grupo que, poco a poco, fue animando el ambiente del Compás de San Francisco, uno de los escenarios más arraigados y con más encanto de La Noche Blanca del Flamenco.

En una actuación muy didáctica, Simo Baazzaoui incitó a los espectadores a participar en el concierto y explicó los temas que interpretaban para llevarlos, a través de su guitarra, desde Córdoba hasta su Marruecos natal.

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