Tres máximas, poco público

Se da por hecho que cuando se sale a un escenario es para disfrutar de la música, ser simpático con el público y darlo todo. No siempre es así. Pero el caso de Oregon se rige rigurosamente por esas tres máximas, amén de un derroche creativo digno de la primera fila en la que militan. Ralph Towner es un habitual del festival, pero no por ello la actuación de este combo careció de ingredientes para mantener la atención del público, que por cierto no acudió en número acorde a la importancia y categoría de la cita. Tal vez escoger entre tantos grandes nombres en quien invertir los ahorros pasa factura a quien menos se espera.

El protagonismo guitarrístico de Towner no fue obstáculo para que toda la banda ofreciera lo mejor de sí, con un sonido equilibrado y dulce, que tuvo en la presencia de los vientos de McCandless uno de sus mejores aliados. Respecto a la base rítmica de Mark Walker y Glenn Moore destaca la versatilidad del batería, su manejo de las posibilidades del instrumento y las opciones para percutirlo, todo sin desentonar en ningún momento con un entorno grupal inmerso por completo en lo políticamente correcto. No quiero decir con esto que Oregon desprecie el ansia experimental que le vio nacer, pero sin duda ahora se muestra con otro nervio. La acentuada personalidad de la banda y su marcada línea sonora no evitan que la variedad también anide en su repertorio, preñado de alusiones estilísticas que lo mismo suscitan relajación que invitan al baile, llaman a la ensoñación o hacen vibrar.

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