Cuando un aplauso es la mejor recompensa

  • Ala Teatro Musical es una joven compañía cordobesa que lucha por hacerse hueco en la escena teatral

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El teatro, más allá de ser arte, es magia. Sobre un escenario se labran historias que hacen brotar emociones de toda índole. Desde la carcajada al llanto: la reacción que una representación llega a provocar en el espectador alcanza ambos extremos. Es de este modo como surge la capacidad de evasión que proporciona el teatro. Pero detrás de la bajada y subida del telón y de cada escena, de cada aplauso recibido, se esconden historias en primera persona. Las de aquellos que olvidan su realidad para dar alma a un personaje y la de muchos otros que, invisibles, están presentes de igual modo sobre las tablas. Son muchos los que luchan por hacer del teatro, su vida. Esa es la meta que persigue la actriz Cristina Marabotto desde 2001, año en que aparcó sus estudios de Filología Hispánica y decidió embarcarse en el exitante –y complejo- mundo de la interpretación.

Después de varios años, Marabotto ha cosechado un nutrido currículo en el que aparecen trabajos tan dispares como su participación en la ópera Don Giovanni y, dentro de la vertiente cómica, el de médico de la risa para los niños hospitalizados en el Reina Sofía. La trayectoria de la actriz dio un nuevo giro en 2007, cuando conoce a Raquel Toledo en la muestra de Teatro Profesional Avantelón´07. Juntas emprendieron la producción del Proyecto Avanti Juansen y Gretem. Un cuento musical y también juntas decidieron poner en marcha Ala Teatro Musical, una compañía que apuesta por la conjugación de teatro, música y danza y que arrancó su andadura hace sólo seis meses, con el estreno de ¿Qué pasa con nuestro tiempo? en el Teatro Cómico. “Lo que diferencia a la nuestra de otras compañías es que el proceso de escritura de la obra no se cierra, ni siquiera cuando se estrena el espectáculo”, comenta Toledo, directora escénica del grupo.

Los componentes de Ala Teatro Musical tienen tres sesiones de ensayo a la semana. Durante las más de tres horas que dura cada una, los actores recitan su papel, bailan, cantan y algunos hasta tocan guitarra y la caja. Al mando del timón está Raquel Toledo, cuya voz resalta sobre las demás cuando cualquier fallo hace aparición en escena. El próximo 8 de marzo representaran en el Teatro Avanti el espectáculo infantil Cuentos a lo flamenco. Entre tanto, están llevando la obra ¿Qué pasa con nuestro tiempo? A diversos pueblos de la provincia, dentro del programa de EsCultural 08. En la incubadora tienen otros dos proyectos: un espectáculo para jóvenes que versa sobre la interculturalidad y Las abuelas sanadoras, dirigido al público adulto.

Tanto Cristina como Raquel reconocen que no es fácil activar un proyecto de las características de Ala Teatro Musical. El mundo empresarial está regido por cifras “diametralmente opuestas a las metáforas y figuras estilísticas que constituyen nuestro mundo” de las que, no obstante, depende la continuidad de una compañía. En este sentido, la escasez de salas de teatro en Córdoba supone todo un obstáculo. Si no hay lugares para representar, el trabajo no llega al público. Esto, además de repercutir negativamente en los intereses de la compañía –que invierten dinero, tiempo y esfuerzo a fin de conseguir el agrado del público, pero también beneficios con los que sufragar su desembolso-, es una traba para que los aficionados cosechen su interés por la disciplina. Y es que la cultura es una apuesta empresarial arriesgada. El director-gerente del Gran Teatro, Ramón López, reconocía en un encuentro digital celebrado con los lectores de El Día el 19 de noviembre que la recaudación de taquilla resulta insuficiente para cubrir los gastos del teatro, que se nutre del apoyo institucional para permanecer en activo.

A pesar de la coyuntura local –“sólo dos salas de teatro operativas y con poco días de programa no es una situación gratificante”, apunta Marabotto- la cultura teatral existente en Córdoba recibe más que el aprobado, a juzgar por la considerable cantidad de grupos amateur y concursos teatrales que se celebran en los centros de enseñanza cordobeses. “Se está volviendo a hacer teatro y a comentarlo”, aplaude Raquel Toledo. La exploración de tendencias dentro de los grupos, dejando atrás el maniqueísmo entre clásico y moderno, es otro de los rasgos que hacen prever un futuro favorable para la disciplina teatral. No obstante, Córdoba ha emprendido un camino para alcanzar la Capitalidad Cultural y para ello resulta crucial promover los espectáculos teatrales, en especial los de las compañías autóctonas, que los cordobeses suelen dejar en segundo plano en detrimento de espectáculos foráneos cuyo único aval, en ocasiones, es una cuidada promoción. “Hay cierta tendencia a buscar fuera lo que aquí ya se está generando con la misma calidad, pero 2016 puede ser un punto de inflexión”, opina Marabotto.

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