El público berlinés despide con abucheos el 'Don Giovanni' de Peter Mussbach

  • El director escénico llenó de oscurantismo la ópera, que transcurría en un vacío tenebroso

Con más abucheos que aplausos respondió ayer el público al estreno en la Staatsoper unter den Linden de Don Giovanni, ópera de Wolfgang Amadeus Mozart con libreto inspirado en diversas fuentes, especialmente en el Don Juan de Tirso de Molina. Pese a la dirección magistral de Daniel Barenboim al frente de la Staastkapelle y un reparto de calidad encabezado por el bajo alemán René Pape, la puesta en escena de Peter Mussbach empañó la velada por su oscurantismo y falta de emoción.

Mussbach apostó por el minimalismo extremo reduciendo su concepto a dos paneles giratorios, unas agujas cósmicas que según la regie simbolizaban el destino predeterminado de unos personajes que parecieron sacados del Doctor Fausto.

Durante las cuatro horas que duró la representación, la única acción en escena, a un paso de lo concertante, era el vaivén de los protagonistas en un vacío tenebroso y momentos eróticos más próximos al patetismo que al drama jocoso.

Pape, la gran estrella en el reparto de la noche, tuvo una actuación vocal impecable, pero se mostró nervioso, inseguro y hasta incómodo en la piel del personaje del noble Don Giovanni, el seductor atrevido. Con demostrado carisma escénico, no consiguió en esta ocasión adueñarse del escenario, donde sí destacó su colega Hanno Müller-Brachmann en el roll de Leporello, y las sopranos Annette Dash como Donna Elvira y Anna Samuil como Donna Anna.

El tenor Pavol Breslik encarnó en el primer acto a un Don Ottavio chocante por su amaneramiento pero a medida que avanzaba la trama cambió su homosexualidad por perversión machista, convirtiendo el sentido de su personaje en una de las incógnitas de Mussbach. Otra pregunta sin respuesta es la obsesión de Mussbach por hacer que los intérpretes cantaran la mayor parte del tiempo tumbados en el escenario, recostados.

Todos los aplausos del público fueron para los intérpretes y para la Staatskapelle, con un Barenboim que dominó en todo momento la partitura y cuanto acontecía en escena, que sólo cobró vitalidad al final, cuando Don Giovanni es conducido a los infiernos. Mussbach salió con su equipo a saludar tras la representación, pero se retiró enseguida para evitar que los abucheos que le propinó gran parte del público empañaran el éxito de sus compañeros en lo que se anunció como el último gran estreno del año.

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