De Villena plasma en un libro su devoción por la cultura grecolatina

El escritor Luis Antonio de Villena ha reflejado en una especie de "diccionario personal" el fértil mundo de la Antigüedad de griegos y latinos. Biblioteca de clásicos para uso de modernos, un encargo del sello más prestigioso en el tema, la editorial Gredos, persigue el objetivo de "suplir en lo posible la pérdida del estudio de los clásicos, incentivar la investigación de ese mundo, que es la base de toda la cultura occidental".

El escritor, nacido en Madrid en 1951, está convencido de que sin esos clásicos "seríamos otra cosa muy distinta de lo que somos. Más pobres, sin duda".

Ya de colegial, De Villena se interesaba por los protagonistas de Grecia y Roma, y ahora destaca "la genuina modernidad y el ancho humanismo" de esos grecorromanos, cuya "gran pluralidad moral", recalca, la que "hoy no logramos ver", nos ayudaría a construir "un futuro más hedonista y feliz".

"Entonces, quien quería suicidarse hasta recibía ayuda; el caso más conocido es el de Séneca. La eutanasia, la libertad sexual, la libertad de religiones y de opciones funcionaron muy bien en la Antigüedad clásica", sostiene.

Precisa que, si bien "en política no había libertad, porque sobre todo en Roma mandaba el emperador, en moral sí la había, con muchas religiones, hasta que irrumpió el cristianismo, rama herética del judaísmo que derivó en el ataque a los paganos, los otros, hasta la idea de unir estado y religión".

De Villena cree que "se conocen poco los casos de mártires paganos", como cuando en la Alejandría del siglo IV d. C. un obispo muy bruto lanzó a la calle a una masa de cristianos, que mataron a la filósofa Hipatia sólo porque enseñaba neoplatonismo y matemáticas".

Recuerda la "saña especial" de los cristianos contra Epicuro, porque enseñaba placer, "pero lo entendieron mal, porque él hablaba de una forma de vida, del placer como sentimiento oculto de la vida". "Solo vieron placer sexual a secas y se pusieron como energúmenos", explica de Villena, que reclama "el alma" de Platón.

El escritor confiesa su inquietud porque Rajoy o Zapatero nunca citan a Séneca o a Cicerón. "¡Quizás sea pudor de exhibir su inmensa cultura!", señala con sorna.

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