Villanueva define la Capitalidad como "motor de transformación"

  • El gerente del Consorcio de Santiago de Compostela destaca el papel que la declaración de Ciudad Europea de la Cultura ejerció en el desarrollo de la localidad

El ciclo de conferencias sobre Capitales Culturales de Europa puesto en marcha el mes pasado por el Ayuntamiento y la Junta de Andalucía recibió ayer al primer (y único) conferenciante procedente del ámbito nacional. Xosé Manuel Villanueva, gerente del Consorcio de Santiago de Compostela, analizó en una detallada ponencia la experiencia de la capital gallega como Ciudad Europea de la Cultura en el año 2000. La Capitalidad, afirmó el gestor, supuso para Santiago "un instrumento de transformación" en un largo proceso de revitalización urbana que la ciudad había puesto en marcha en los años 80. "Ser Capital Cultural de Europa por el mero hecho de serlo puede ser una conquista interesante, pero si es utilizada como herramienta de transformación en un contexto más amplio, el logro adquiere mayor valor", señaló.

Presentado por Vicente Serrano, presidente de la Comisión de Cultura de CECO, Villanueva expuso el ambicioso plan que permitió a Santiago de Compostela obtener la Capitalidad para el año 2000. Santiago aspiraba a conseguir este título para "consolidar su posición geoestratégica como capital de Galicia, adquirir mayor relevancia en el plano internacional, proyectarse como una ciudad moderna pero respetuosa con su pasado y convertirse en un referente cultural". La ciudad necesitaba un impulso de este tipo para exhibir todas sus potencialidades, ya que "corría el riesgo de convertirse en otra Fátima u otra Lourdes", de que su prestigio y su fama internacional quedaran ligados exclusivamente "al elemento religioso".

Santiago de Compostela compitió con Bilbao, Salamanca y Valencia por ser la aspirante española a la Capitalidad de 2000, que finalmente compartió con otras ocho ciudades europeas, entre ellas Bolonia, Bruselas y Praga. La Unión Europea les instó a coordinar sus programas y la capital gallega llegó a establecer "una relación intensa" con algunas de ellas.

El proyecto de regeneración urbanística de Santiago establecía la puesta en valor del patrimonio "como motor de la transformación contemporánea de la ciudad". En este desafío, apuntó, la Capitalidad Cultural, con su capacidad para aglutinar recursos culturales, patrimoniales, sociales e institucionales, representó un papel fundamental.

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