Viaje al Parnaso

Convocados por la viuda de un ilustre autor de controvertida memoria, catorce poetas se reúnen en el Cigarral de la Cava para celebrar, no por amor al arte, la figura del difunto. En el transcurso del congreso, uno de los invitados es asesinado de una puñalada en el corazón. Todos son sospechosos, pues el muerto, poeta y crítico literario de pésima reputación, ha tenido serios encontronazos con cada uno de ellos, y por eso cualquiera podría ser el asesino. Ángela Vallvey ya había practicado la novela de intriga en La ciudad del diablo (2005), con Toledo también como escenario, pero si entonces se acogió a Conan Doyle, en esta ocasión ha acudido al modelo de Agatha Christie. Desde la propia situación de partida, Muerte entre poetas rinde homenaje a la autora de Diez negritos o Asesinato en el Orient Express, sólo que el misterio, que constituye el motor de la trama, parece una mera excusa para dar rienda suelta a una sátira afilada de la sociedad literaria, en particular del mundillo, tan con razón parodiado, de la poesía contemporánea, pródigo en egos hipertrofiados, rencillas enconadas y agravios imprescriptibles.

La investigación corre a cargo de Nacho Arán, poeta, meteorólogo y detective aficionado, al que asiste su tía Pau y que es, junto a la víctima Fabio Arjona, el personaje mejor trazado, pero lo bueno de este último -verdadero supervillano- es que comparece siempre por testimonio indirecto. La historia, con relatos paralelos al modo de las novelas corales, está contada con buen ritmo, aunque hay partes prescindibles -en particular diálogos rutinarios- que no aportan demasiado al conjunto. Hay también una excesiva profusión de citas, y la insistencia en la caricatura -aunque en este terreno no faltan sucesos reales que parecerían inventados- puede restar credibilidad al retrato de grupo. Porque el registro ácido es omnipresente, con múltiples guiños al lector enterado y alguna venganza personal que será la comidilla de los aficionados al cuore. Todos los relatos antedichos revelan miserias y comportamientos poco o nada edificantes, un panorama de corrupción moral que no deja títere con cabeza: intrigantes, resentidos, pretenciosos, fatuos, los poetas componen un lamentable catálogo de mezquindades. La intriga propiamente dicha está resuelta con habilidad, pero la autora, como decíamos, ha echado el resto en la caracterización de ese inframundo, implacablemente descrito a partir de anécdotas truculentas pero muy significativas. Muerte entre poetas es una novela divertida, ligera, escrita con oficio y pensada, pese a las claves que encierra, para gustar a un público amplio. Es bastante probable que lo consiga.

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