Ortiz Nuevo rememora las historias del cantaor Pericón de Cádiz

  • El flamencólogo publica una nueva edición de su obra sobre el artista gaditano

El flamencólogo José Luis Ortiz Nuevo, que fundó la Bienal de Flamenco de Sevilla y dirigió la de Málaga, asegura con motivo de la nueva edición de su Las mil y una historias de Pericón de Cádiz que el cantaor Juan Martínez Vilchez Pericón de Cádiz fue "un talento para la supervivencia". Publicado en una hermosa edición ilustrada por Barataria, la obra lleva las palabras que sobre ella escribió el también genial gaditano Fernando Quiñones, que recuerda la poética, filosófica y casi científica comparación que hizo Pericón del flamenco con la ópera: "No crea usté que hay tanta diferencia entre la ópera y el flamenco. Lo que pasa es que en la ópera to' va p'arriba, y en el flamenco, to' p'abajo".

Pericón (1901-1980) fue un maestro de la escuela clásica gaditana, participó en espectáculos teatrales como la versión de Las calles de Cádiz que llevó al teatro Concha Piquer y los últimos años de su vida profesional los pasó en el histórico cuadro grande del tablao madrileño Zambra, pero lo que le hizo único fue su talento natural para la narración oral. "Se burló constantemente, durante toda su vida, de las penas y de las desgracias, fue un chaval de la calle que recogía plátanos podridos de los mercados y hacía con ellos una papilla que le sabía exquisita", expone Ortiz Nuevo, que añade que en la narración oral alcanzó "un grado de magisterio difícilmente inigualable".

"Narraba con una técnica asombrosa, con mucha precisión, a partir de un simple relato de miseria y dolor llegaba al surrealismo y al disparate", según Ortiz Nuevo; mientras que Quiñones dejó escrito sobre el personaje que en un hombre como él "imaginar no es nunca o casi nunca mentir".

Ortiz Nuevo, grabó con un magnetófono enorme en 1973 de la boca de Pericón las mil historias que recoge este volumen. Entre las más divertidas, Ortiz Nuevo recuerda la que aludía a la que paseaba por Cádiz con trajes que no necesitaba invitando a todos los amigos. Otras historias remiten a la picaresca de corte clásico, como el maestro que castigaba a sus alumnos, entre los que se encontraba Pericón, sin pegarles pero exigiéndoles que tirarán al pozo de la escuela su bocadillo.

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