Joseph Conrad, el retratista del alma

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Joseph Conrad es un escritor extraordinario en muchos sentidos. Cuando se cumplen 150 años de su nacimiento, el 3 de diciembre de 1857, sus libros no sólo siguen retratando el alma humana de forma universal a pesar de estar ambientados en sitios y tiempos lejanos, sino que logran mantener una actualidad que no siempre se cumple entre sus contemporáneos.

Józef Teodor Konrad Nalecz Korzeniowski nació en el seno de una familia polaca en un país entonces dividido entre potencias, en su caso bajo ocupación rusa. El drama de la identidad está por tanto presente en todas sus novelas después de perseguirlo durante toda su vida. Aunque más bien habría que hablar de sus dos vidas.

Pese a haber nacido en una familia que no tenía nada que ver con el mar, Conrad decidió hacerse marino a los 16 años, para sorpresa y oposición al principio de todos. Sin embargo, una vez que había conseguido abrirse paso en la profesión lo dejó todo (ya a edad madura) y decidió convertirse en escritor.

Pero además lo hizo en una lengua -la inglesa- que aprendió tardíamente y en la que al parecer nunca acabó de sentirse del todo cómodo, ya que su educación estaba ligada al francés, idioma que dominaba mucho mejor.

Pese a estas dificultades, así como había conseguido hacerse marino con una carrera exitosa que lo llevó a capitán en 1886, también logró fama como autor, sobre todo a partir de su obra Chance, de 1912.

Aunque su vida está dividida claramente en estas dos grandes etapas, a la vez ambas estuvieron siempre conectadas, pues Conrad -que adaptó su nombre al publicar su primera novela de cara al público anglosajón- basó sus historias en experiencias vividas durante su etapa de marino, cuando se especializó sobre todo en recorrer Oriente.

La carrera de marino era una forma de evadir el servicio militar que debía prestar como súbdito ruso y, más adelante, su llegada al mundo anglosajón tuvo el mismo motivo.

Conrad comenzó su trabajo en Francia, pero al cumplir la edad de alistamiento las autoridades francesas le negaron el permiso para enrolarse en un barco bajo su pabellón. En cambio, los ingleses eran más flexibles al respecto. No fue hasta que obtuvo la nacionalidad británica y fue liberado de la rusa cuando el escritor volvió a visitar Polonia, tras 15 años de ausencia, aunque ya nunca volvió a establecerse allí.

Fue por aquella época cuando publicó El corazón de las tinieblas (1899), la que es considerada su obra maestra y que, a diferencia de otros de sus libros, no transcurre en Oriente, sino en África, en el Congo degradado por el colonialismo.

Allí, Marlow, que será su alter ego, narrador en varios libros, se encuentra atrapado entre la Compañía, la firma de comercio de marfil que muestra la cara más dura de la explotación recubierta de civilización, y Kurtz, el personaje a quien al principio admira por sus valores morales pero al que finalmente encuentra transformado en un salvaje, encarnación de los peores instintos del ser humano.

Conrad recrea aquí de forma descarnada la realidad, pero también explora los problemas que persiguen al hombre desde siempre: la pérdida de la identidad, la lucha entre lo mejor y lo peor de las personas, así como el aislamiento al que se ven enfrentados los hombres trasplantados a otras culturas.

Otras de sus obras más importantes son Lord Jim, El negro del Narcissus o Nostromo, situada en Sudamérica y en la que se relata una revolución ficticia. Está además construida a modo de rompecabezas, quebrando el tiempo lineal, una característica que hizo de Conrad un innovador y que contribuye a su idea de problematizar la realidad y presentarla como profundamente compleja. Con las tinieblas de la vida misma.

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