Jorge Edwards cree que el progreso que vive Cuba resulta irreversible

  • El novelista chileno recrea el Chile de los años 50 y la Cuba de los primeros años de la revolución en 'La casa de Dostoievsky', ganadora del premio Planeta-Casamérica

El escritor chileno Jorge Edwards se siente "optimista" con la situación que se vive actualmente en Cuba y considera que los cambios que se están produciendo, aunque "parecen pequeños desde fuera", constituyen "un progreso" y "son importantes".

"Esos cambios crean una dinámica de la historia que no creo que sea reversible", señaló ayer Edwards en la presentación de su novela La casa de Dostoievsky, galardonada con el Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casamérica 2008 y que acaba de llegar a las librerías de España y de los diferentes países hispanoamericanos.

Cualquier opinión de Edwards sobre Cuba es interesante porque es un país que conoce a fondo, aunque no ha vuelto a él desde que fue embajador en los años 70 y fue declarado "persona non grata" por su apoyo a escritores disidentes.

La novela ganadora, que supone en cierto modo el regreso literario de Edwards a Cuba, recrea desde la ficción el caso Padilla y el cisma que originó en la intelectualidad de la época la persecución del poeta disidente.

El libro fue presentado en la Casa de América mediante un diálogo con la periodista y escritora Nativel Preciado, quien también conversó con el escritor colombiano Fernando Quiroz sobre su novela Justos por pecadores, finalista del mismo galardón.

El gran escritor chileno se mostró "optimista" con la situación actual de Cuba y dijo que "las pequeñas cosas que ha hecho Raúl Castro, permitiendo que se compren ordenadores o móviles y que se pueda viajar o ir a un hotel internacional, parecen pequeñas desde fuera, pero para alguien que conoció Cuba por dentro son bastante importantes". Su ruptura con Cuba quedó reflejada en 1974 en el libro Persona non grata y, aunque no ha regresado desde que fue expulsado, siente "mucha curiosidad por volver" y quizá rompa "todas las promesas" y viaje de nuevo a Cuba.

El Poeta que protagoniza el libro, con mayúscula y de nombre incierto, está inspirado en Enrique Lihn, poeta y amigo de Edwards, cuya vida le da pie para adentrarse en el Chile de los años 50, el París de aquella época y la Cuba de los principios de la revolución, para regresar luego al Chile de Salvador Allende y de la dictadura de Augusto Pinochet. Cuando Preciado le preguntó si "el escándalo" del caso Padilla fue el principio del "desencanto de la revolución cubana" entre los intelectuales, Edwards dijo que los escritores comenzaron haciendo "la crítica del orden existente de muchas maneras, por la vía comunista, por la anarquista, por la oposición a todo".

"Y en algún momento hicimos la crítica de esa crítica, y ya no sé dónde quedamos, si en el aire, en la nada o en una oposición liberal moderada", señaló Edwards, que se define como "un liberal en algún sentido y un socialdemócrata en otros".

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