Crítica de Teatro

Inventario de sueños rotos

Un momento de la representación de '3 hermanas', en el Góngora. Un momento de la representación de '3 hermanas', en el Góngora.

Un momento de la representación de '3 hermanas', en el Góngora. / jordi vidal

Tras el cierre temporal por obras del Gran Teatro el IMAE continúa su programación en Teatro Góngora y abre el año nuevo con Tres hermanas, de Antón Chéjov.

La obra transcurre en una pequeña ciudad de provincias, donde Olga, Masha e Irina viven junto a su hermano Andrei en la casa de los padres fallecidos. Alejadas del ambiente animado del Moscú donde crecieron y con la esperanza de regresar allí en el futuro, ven sus días pasar sin pena ni gloria. La llegada de un destacamento militar a la ciudad y las visitas de sus oficiales a la casa sirve para rescatar en cierta medida la vida social que añoraban de la capital. Lo que parece una oportunidad prometedora, cuadro tras cuadro se convertirá en una retahíla de infortunios colmada de sueños frustrados, amores no correspondidos, ruinas, infidelidades, catástrofes y hasta un asesinato como guinda a este pastel tan amargo.

Con el propósito de trasladar la historia a cualquier momento o lugar la producción ha realizado una puesta en escena atemporal. Sobria, pero al mismo tiempo detallista en el tratamiento del vestuario y la iluminación. Raúl Tejón firma la adaptación y orquesta al reparto con buen criterio en una obra compleja por la cantidad personajes y escenas corales que contiene. Las interpretaciones del elenco están a la altura y acorde con la propuesta estética. Obligado es destacar las tres protagonistas: Ana Fernández, Raquel Pérez, Silvia Marty confieren a sus respectivas hermanas veracidad y sus interpretaciones se encuentran bien arropadas por el resto de compañeros que las secundan. El único dato en contra de la representación es la pérdida de algunos diálogos por el escaso volumen que emplean.

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