'Definitivamente, quizás': Aquellos maravillosos años noventa

En pleno trámite de divorcio, la hija (Abigail Breslin, la pequeña Miss Sunshine) le pide a papá que le cuente la historia de su vida amorosa y de su reciente fracaso. Papá acepta y se remonta a aquellos primeros años noventa sin móviles ni internet en los que Bill Clinton era una promesa de cambio para Estados Unidos y Kurt Cobain se desgañitaba desde Seattle. Historia e historia van a ir así unidas de la mano en esta comedia romántica que, sorprendentemente, se toma la molestia de dar algún que otro giro adulto al archisabido recorrido estándar del chico busca chica, chico encuentra chica, chico pierde a chica y chico recupera a chica. Un recorrido que intenta, ahí es nada, analizar en paralelo el desencanto de toda una generación ante una era de esperanzas (nuestro protagonista pasa de ser un joven becario de la campaña presidencial de Clinton a trabajar en una agencia de publicidad) con la propia deriva sentimental del personaje principal, un guapo chico de provincias (un Ryan Reynolds algo pringosillo) que encuentra en Nueva York todo aquello que estaba buscando a excepción del amor verdadero, siempre esquivo y problemático.

Definitivamente, quizás se mantiene así en un inopinado terreno fronterizo que no renuncia a una cierta autoexigencia impropia del género sentimental más comercial, como es el caso. Buscando en el baúl de la eficacia de algunos títulos clásicos como Tal cómo éramos, de Sidney Pollack, la película intenta evitar siempre el camino recto y se toma sus desvíos, a veces atajos, para complicar y densificar el asunto siempre un poco más de lo previsible. Personajes hasta cierto punto creíbles en su estereotipo y fragilidad, mujeres no del todo decorativas (especialmente la que interpreta la hermosa Rachel Weisz) y un tono contenido e incluso levemente melancólico de canción pop hacen que este filme no se quede en la enésima y prescindible comedia romántica de la temporada.

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