La pesadilla se repite sólo tres años después

  • La UE deberá buscar una difícil solución a un problema que amenaza con paralizarla

Tres años después del traumático rechazo de franceses y holandeses a la Constitución, la Unión Europea volvió a quedar hundida en una crisis con el no de los irlandeses al Tratado de Lisboa, destinado a reemplazar aquel texto y redactado para evitar sorpresas.

Si el impacto parece en principio tan potente como el de mediados de 2005, la situación podría ser menos desesperada, teniendo en cuenta que los irlandeses ya rechazaron una vez un Tratado europeo (el de Niza en 2001), sólo para aprobarlo meses más tarde después de algunas modificaciones a su gusto.

Lo que sí queda claro después de este no en el único de sus 27 miembros país obligado por su Constitución a hacer un referéndum, es que la UE no encuentra la fórmula para obtener la confianza de sus ciudadanos en medio de la necesidad de reformar sus instituciones tras la ampliación del bloque. "Muchos de nuestros conciudadanos no llegan a asimilar todo lo que debemos hacer y todo lo que hacemos en Europa. Utilizamos un vocabulario que no se comprende. Deberíamos trabajar para hablar el lenguaje de aquellos que gobernamos", reconocía el primer ministro luxemburgués, Jean-Claude Juncker, un europeo convencido y decano de los dirigentes de la UE.

A pesar de esta "desconexión", la Comisión Europea y varios líderes europeos no dudaron ayer en salir a pedir la continuación del proceso de ratificación del nuevo Tratado en los países de la UE que aún no lo han concluido.

"El proceso de ratificación está conformado por 27 procesos nacionales. Dieciocho Estados miembros ya han aprobado el Tratado. La Comisión Europea cree que las restantes ratificaciones deben continuar", dijo Durao Barroso en una conferencia de prensa cuando el resultado del referéndum irlandés era totalmente irreversible.

Aunque el Reino Unido afirmó que continuará con su proceso de ratificación sin importar el resultado irlandés y la República Checa (el otro euroescéptico) garantizó que también seguirá adelante, el riesgo de ver un efecto contagio como en 2005 es real.

En ese caso, la UE debería continuar funcionando con el Tratado de Niza (el mismo que habían rechazado una vez los irlandeses), considerado inadecuado para una Europa ampliada donde las decisiones son cada vez más difíciles de adoptar.

Otro problema del Tratado de Niza es que limita los poderes del Parlamento Europeo, al fin y al cabo la única institución europea cuyos miembros son elegidos por sufragio universal, y no prevé un presidente estable del Consejo de la Unión Europea.

Por ello, e incluso aunque el Gobierno irlandés rechazó la posibilidad de una nueva votación durante la campaña, para la mayoría de los dirigentes de la UE ése sería el mejor modo de salir de la parálisis que vuelve a amenazar al bloque, ya que renegociar el Tratado parece imposible.

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