Una ciudad de duros contrastes

  • La capital financiera de la India, donde tuvo lugar el asalto terrorista del pasado miércoles, es una metrópolis de extremos en la que sus enormes rascacielos conviven con la pobreza de sus barriadas

Horas después de que terminaran los disparos, mientras el olor a muerte aún salía de los dos hoteles de lujo y los servicios de Urgencias de los hospitales estaban empapados de sangre y lágrimas, el único atisbo de consuelo para los residentes de Bombay era la capacidad de recuperación adquirida después de sobrevivir a anteriores ataques terroristas.

"No sé si es nuestra memoria o nuestra capacidad de recuperación, pero seguimos adelante. Pegada a la televisión, mirando cómo explotaba la punta sur de Bombay, pensé en cómo todo el mundo se olvidó de los ataques de 1993 que destrozaron esta ciudad", dijo Kalpana Sharma, autora de un libro sobre Dharavi, en Bombay, el mayor barrio pobre de Asia, de un millón de personas.

Cada uno de los 19 millones de habitantes de Bombay tiene una relación tempestuosa con la ciudad en su lucha diaria para sobrevivir. Es una metrópolis de extremos, donde los rascacielos de vidrio y hormigón tienen vista hacia amplias barriadas pobres y donde los increíblemente ricos conviven con los desesperadamente pobres.

Es una ciudad que no le ofrece a muchos de sus residentes agua corriente, sistema de depuración de aguas, electricidad o viviendas adecuadas, pero sigue atrayendo millones de todo el país. Es sede de Bollywood, la prolífica industria cinematográfica en hindi, cuyas luces brillantes contrastan con las sombras de la incalculable cantidad de sin techo de Bombay.

Los mumbaikars, como se conoce a los habitantes de la capital financiera de la India, están alarmantemente familiarizados con las explosiones y con la incapacidad de los hospitales para tratar a quienes lo necesitan.

La imagen de una ciudad que puede levantarse después de inundaciones mortales y ataques terroristas - la Bolsa de Valores de Bombay, que fue un objetivo de los ataques de 1993, abrió al día siguiente de los mismos - es el testamento del heroísmo silencioso de sus ciudadanos. Aún así, el poeta y crítico de arte que vive en Bombay Ranjit Hoskote advirtió: "La capacidad de recuperarse es buena, pero la amnesia es fatal".

"La imagen que tiene Bombay de sí misma como una ciudad valiente y resistente distrae la atención del hecho de que esta metrópolis global no está preparada para defenderse de la depredación de la guerra terrorista", escribió Hoskote después de los atentados de 2006, y parece ser cierto aún hoy en día.

El autor manifestó que los mumbaikars están en un estado de negación, sin capacidad para reconocer que su ciudad es porosa y frágil "y especialmente vulnerable a los ataques en un momento en el que la India se ha alineado con Estados Unidos en laguerra contra el terrorismo.

Otros son más optimistas. "Nuestros trenes, automóviles, edificios y mercados -ahora hoteles- ya fueron bombardeados antes", dijo Perena Motwane, una arquitecta que asistió a un turista extranjero herido el miércoles. "Podría volver a ocurrir. Si se miran las noticias internacionales se siente que prácticamente ninguna ciudad en el mundo es segura. Pero en Bombay sé que siempre seré ayudada. Nadie me dejará desangrarme hasta la muerte".

"El jueves, la gente volvió a las calles, salió a dar su paseo matinal, viajó en tren", dijo. "Cientos se congregaron fuera de los hoteles Taj y Oberoi -parte de eso fue típica curiosidad india-pero creo que la gente realmente quería estar a mano para ayudar", añadió la arquitecta.

Chetan Mehta, un joyero que sobrevivió a los ataques de agosto de 2003 en el bazar Zaveri, declaró: "Bombay volvió a morir esta semana. No sé cuánto más puede aguantar esta ciudad. Siempre pienso que no vamos a sobrevivir la próxima vez y lo hacemos. Después de que los cuerpos sean cremados y enterrados, los políticos saldrán, se realizarán falsos arrestos, los casos no prosperarán en la Corte y la vida continuará".

"La gente está llamando a este ataque el 11-S de la India", dijo Sharma."Definitivamente es conmocionante, pero me parece exagerado. El verdadero 11-S fueron los ataques a trenes en Bombay".

En 2006 varias bombas explotaron en trenes y estaciones durante una hora, lo que dejó 187 muertos y más de 700 heridos.

"Esas explosiones impactaron en el alma de Bombay al afectar a la clase media, para la que el sistema ferroviario es un recurso vital", añadió la autora. El sur de Bombay, más rico, donde ocurrió el sitio de casi 60 horas, "no es el lugar donde transcurre la vida para la mayor parte de la ciudad".

"Murió gente, rica y pobre. Estamos todos de duelo, y la única pregunta es cómo unas decenas de hombres pueden tener a toda una ciudad de rehén", añadió Perena Motwane.

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