Bélgica vive su 'regreso al pasado'

  • El rey Alberto II recurre a la 'vieja guardia' para abordar la difícil tarea de negociar la formación de un nuevo Ejecutivo que ponga fin al caos político que sufre el país

Los políticos han vuelto a arruinarle las fiestas al rey belga, Alberto II. Hace un año, el monarca logró superar en el último momento una grave crisis instaurando, pocos días antes de Nochebuena, un Gobierno de transición. La Navidad de 2008 parece haber traído una situación aun más dramática: la renuncia del Gobierno de Yves Leterme dejó el reino sumido en un verdadero caos político.

"Pánico en el palacio", escribieron el martes los analistas belgas para reflejar el ánimo que domina entre los líderes del país. Sólo esa descripción explica que Alberto II, de 74 años, se haya visto obligado a recurrir a la vieja guardia política del país: el ex primer ministro hasta 1992 Wilfried Martens, de 72 años, es el encargado de sondear la formación de un nuevo Gobierno de transición, una tarea que reanudó ayer tras la pausa navideña, y el nombre más mencionado para encabezarlo sigue siendo Jean-Luc Dehaene, de 68 años, ex primer ministro entre 1992 y 1999.

Nadie duda de que a estas figuras les sobra experiencia. Martens lideró nada menos que diez gobiernos. Pero su reaparición deja en los belgas la sensación de un regreso al pasado, de un renacer de los viejos dinosaurios de la política nacional. El satírico La Dernière Heure ilustró su portada con una foto en blanco y negro de Martens y Dehaene en sus mejores años con el título: Parque Jurásico... en belga.

Con una perspectivas más seria, el diario flamenco De Standaard comenta que "a los políticos de hoy puede faltarles en parte talento y, acaso, también experiencia". Pero su gran desventaja es que "no tienen un país que gobernar. Su país está partido en la práctica en dos países que evolucionan de forma completamente independiente uno del otro". En esa situación, el diario se muestra pesimista: los políticos "tienen que formar un Gobierno" para esa realidad escindida, y "eso es casi imposible".

Leterme pertenece a esa nueva generación. Antes de su renuncia el lunes, el líder de 48 años ya se vio acosado en diversas ocasiones por la disputa lingüística entre flamencos y valones. El rey le pidió una y otra vez que siguiera al frente del Ejecutivo.

Un nuevo problema se sumó a esta crisis: la reforma del estatuto de Halle-Vilvoorde, distrito de Bruselas que cubre diversas áreas lingüísticas, que la Corte Suprema exigió para antes de las próximas elecciones parlamentarias. Con la situación política actual y sin un Gobierno totalmente capaz de actuar, parece casi utópico que la necesaria reforma del Estado pueda producirse antes de los comicios, previstos para junio de 2009.

Desde otro frente asoman los problemas económicos derivados de la crisis financiera internacional, que también guardan relación con la suerte corrida por Leterme. El ex jefe de Gobierno intentó rescatar al banco Fortis, la medida perjudicó a un importante grupo de accionistas que la recurrieron y en el consecuente proceso se estableció que Leterme había intentado influenciar a los jueces que deliberaban sobre la venta de la entidad.

El escándalo no sólo afectó a Leterme, sino también a su ministro de Finanzas, el liberal Didier Reynders, hasta entonces candidato a sucederlo.

La serie de crisis atravesadas por el país desde las elecciones de junio de 2007 dinamitó toda la confianza popular depositada en la clase política belga. "El público en general considera que incluso el rey ha llegado a su fin", opinó con arrojo el diario De Morgen. Tampoco el recurso a Martens parece constituir un mensaje de esperanza para estas Navidades: el rey no parece mirar con ello hacia adelante, "sino que da marcha atrás".

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