El presunto cabreo de doña Clotilde y el toreo 'chiki-chiki'

  • La corrida de Buenavista lidiada en Los Califas, que estuvo mal presentada, dio muy buen juego en líneas generales y estuvo por encima de lo ofrecido por los toreros

Si yo fuera doña Clotilde Calvo, a la sazón propietaria de los toros de la ganadería de Buenavista, que se lidiaron ayer en Los Califas, tendría ahora mismo un cabreo de época. Porque es muy difícil sacar adelante una ganadería en los tiempos que corren para que luego te salgan hasta cuatro toros de embestida franca y con casta y se vayan al desolladero tras padecer actuaciones ramplonas y ayunas de verdad. La técnica taurómaca aplicada ayer por Díaz, Rivera y Fandila es al toreo lo que el Chiki chiki de Chikilicuatre a la música. Que tiene su público, que gusta a muchos, pero que no se puede comparar con una sinfonía de Beethoven. De eso no cabe duda. Pero lo peor de todo, insisto, es el presunto cabreo de doña Clotilde -digo doña por mantener un tono de revistero de la posguerra, cuando salían toros como los de ayer: chicos pero con casta-, pues en el toreo chiki chiki hubo de todo menos el crusaíto -al pitón contrario se entiende, donde está la verdad-. Brikindance, maikeljackson y robocop -más éste en el caso de El Fandi por su capacidad física- fueron pasos que se mostraron a raudales, pero el crusaíto, insisto otra vez, no.

A partir de esto se pueden establecer mil conjeturas, pero habría que centrarse en primer lugar en la faena con la Rivera Ordóñez se convierte en triunfador numérico de la Feria. Vaya tela. El que hizo quinto es uno de los toros del ciclo, mal presentado, como todos. Estamos deacuerdo en eso, pero junto con el primero y el sexto del día de Victorino el de doña Clotilde es uno de los toros de mayo. Y se fue sin las orejas después de una faena en la que el diestro estuvo por debajo de las condiciones del animal. "Toro de vacas", decían algunos en el tendido, los pocos que medio sabían de esto que acudieron ayer a una plaza repleta de gentío variopinto. Es cierto que Rivera Ordóñez consiguió momentos de lucimiento con el capote en varas -de fondo, una pelea entre varios aficionados en el tendido-, aunque luego recibió un feo revolcón. También es verdad que, en banderillas, Rivera estuvo mejor que El Fandi, porque clavó con mucha más verdad, pero su labor no estuvo a la altura en la muleta. Precisamente, porque el crusaíto, lo dejó para otra ocasión. Hubo muletazos buenos, es cierto. ¡Como para no haberlos con lo importante que era el toro!, sobre todo en tandas por el derecho, pero la faena, en terrenos de sol, tuvo muchos efectos especiales y gestos para la galería, como pases mirando al tendido, redondos en mitad de su labor y nada al natural. Faena de dos orejas de pueblo que, en definitiva, es lo que parecía ayer el coso de Los Califas. Uno cerraba los ojos, dejaba volar la imaginación y podía ubicarse sin problemas en una de tantas plazas de tercera y circuito B en las que actúan estos toreros. Y es que, como decía, Rivera, desde el inicio de rodillas en el tendido 9 hasta que se perfiló para cobrar una buena estocada no tuvo ni el acoplamiento ni la transmisión que se espera para que un torero pueda llevarse las dos orejas. Y se las cortó porque el presidente, a última hora -las mulillas se llevaban ya al toro-, se asustó ante lo que se preveía una bronca monumental si no las concedía y sacó el segundo pañuelo, lo que da un nuevo golpe al prestigio de Los Califas.

Con el primero de su lote, Rivera, estuvo siempre al hilo del pitón, sin entregares, en una faena que no dijo nada. Tan aplaudidor y condescendiente estuvo el público con el torero que hasta una espantada le aplaudieron después de pinchar al animal. Qué cosas.

El Fandi tuvo otro de los buenos toros de la tarde. Chico como el resto de la corrida, manseó en los dos primeros tercios, pero llegó a la muleta como el típico encastado que rompe a embestir y exigió al torero granadino más lecciones de toreo de las que Fandila es capaz de impartir. Se puede que bailó delante todas las versiones de Chikilicuatre menos, como es lógico, el crusaíto, el paso que más exige a los toreros. El Fandi, que lleva unos pocos años toreando entorno a las 100 corridas, se mostró ayuno de técnica, desbordado. El público variopinto aplaudió sus mantazos, es verdad, pero aquello fue una pantomima que debía incrementar el cabreo de la ganadera. Y luego la espada. El sartenazo cayó en la barriga por debajo de los números. En fin, para qué contarles más. Con su otro toro, el sexto, que tampoco fue malo, que fue manejable, otra colección de trapazos. Y en banderillas, lo habitual, carreras, exhibición física y poca ortodoxia en los encuentros.

Manuel Díaz El Cordobés tuvo el peor lote, y el sólo pudo intentarlo en el primero. Hubo algún muletazo suelto con aseo en el que abrió plaza, pero poco más. Con el segundo de su lote incluso quiso abreviar y hasta el público le aplaudió el macheteo por la cara. Todo valía, aunque El Cordobés no parecía tener su tarde. Ni por él ni por los toros. Unos toros de doña Clotilde Calvo que tuvieron calidad, aunque no lucieron, por eso, igual ayer la ganadera se fue enfadada. Claro que en estos tiempos y con el toreo chiki-chiki de moda todo cambia. Quizá por ello doña Clotilde se abrazó Rivera desde el callejón. Quizá por ello el cabreo de la ganadera después de que sus toros se fueran sin torear es sólo presunto. Imaginación mía. Pero ayer todo era el mundo al revés. El toreo al revés.

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