jazz

El enésimo acontecimiento

  • El trompetista Tom Harrell, todo un grande del instrumento, publica un nuevo álbum con su cuarteto

El trompetista estadounidense Tom Harrell. El trompetista estadounidense Tom Harrell.

El trompetista estadounidense Tom Harrell.

Nadie diría que esa persona autista y dependiente sobre el escenario, de mirada oculta tras su frondosa cabellera, puede ser responsable de una música tan directa y comunicativa. No muchos creían tampoco que la trayectoria de aquel trompetista diagnosticado de esquizofrenia en su juventud tras un intento de suicidio, pudiera extenderse de forma tan sólida a lo largo de tanto tiempo, creciendo lenta pero tenazmente para convertirse en uno de los grandes de su instrumento. Afortunadamente, Tom Harrell (Urbana, Illinois, 1946) sigue ofreciendo hoy razones para el optimismo y su más reciente trabajo, Moving Picture, así lo evidencia.

Grabado en el sur de Francia en septiembre de 2016, su nómina de participantes, al igual que su contenido, no depara sorpresas. Las asociaciones con Danny Grissett, Ugonna Okegwo y Adam Cruz vienen de lejos y han quedado suficientemente certificadas en un excelente lote de grabaciones entre las que destacan Prana Dance (2009), Trip (2014) o el reciente Something Gold, Something Blue (2016). Eso sí, nunca habían coincidido en un estudio en formación de cuarteto y Moving Picture nos permite disfrutar de esta combinación, tan inspirada a la postre como en ocasiones anteriores.

El álbum acredita una remozada vocación 'hard-bop' y algún ribete 'funk'

Niño brillante y aplicado, Harrell comenzó a tocar la trompeta a los 8 años. Sus problemas mentales surgieron cuando estudiaba composición en la Universidad de Stanford y exigieron un tratamiento médico que logró encauzar su trayectoria. La música también aportó su conveniente dosis terapéutica y su potencial fue pronto detectado por Stan Kenton, Woody Herman -de cuyas respectivas big bands formó parte- y, sobre todo, por el pianista Horace Silver, en cuyo grupo militó entre 1973 y 1977.

Pero su explosión llegó pareja a su entrada en el excelente quinteto del saxofonista Phil Woods: entre 1983 y 1989, Harrell sentó las bases de su estilo, lúcido, fresco y lírico, disfrutable en discos de Woods como el soberbio directo Integrity (1985) o en Heaven (1986). En este último Harrell ya dejó pautas de su labor compositora en temas como Occurrence. Una vertiente que cultivaría y perfeccionaría de la mano de una trayectoria en solitario iniciada en 1976 que ha quedado escenificada en formatos que van de la big band al dúo, inspirado por influencias que van de la música clásica europea (busquen su First Impressions de 2015, adaptando composiciones de Ravel y Debussy), a la brasileña pasando por funk, rhythm & blues o folk. Desde entonces, la crónica de Tom Harrell se ha caracterizado por una fructífera productividad, tanto en estudio como en directo, que no ha hecho ascos a un rosario de alianzas entre las que destacan colegas del peso de Lee Konitz, Bill Evans, Gerry Mulligan, Jim Hall, George Russell, grandes damas como Sheila Jordan y Helen Merrill o su asociación con el saxofonista George Robert. "Todo un acontecimiento", como lo calificó en su momento el crítico del New York Times Ben Ratliff.

Pero nada ha marcado mejor su pulso que una equilibrada y casi nunca decepcionante trayectoria a su nombre cuyo último eslabón es este Moving Picture, su décimo trabajo para el sello High Note, en cuya nómina lleva viviendo una fase de fertilidad desde 2007. Prescindiendo de todo acompañamiento en la línea de vientos -copado en casos precedentes por el saxo de Wayne Escoffery-, trompeta y fiscorno (doblados en algunos pasajes) del líder asumen mayor protagonismo y postergan por enésima vez su natural introversión para mostrarse penetrantes, conmovedores y expresivos, en un entorno musical ágil y perfilado. Diez temas propios -algunos recuperados y otros recientes- de remozada vocación hard-bop y algún ribete funk (Gee. A. Bee) o brasileño (Happy Ring) en los que Harrell otorga espacio a sus músicos de la mano de destacadas páginas como Sea, Montego Bay o Time Passage hasta conformar un todo unitario y seductor.

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