Visiones desde Estambul

SEGURO que se acuerdan, pese a su escaso tirón, de Joan Clos. Ya no es ministro de Industria. Ni siquiera alcalde de Barcelona. Vive relativamente apartado del protagonismo: ejerce de embajador en Estambul. No está mal. Su residencia oficial probablemente le regala unas hermosas vistas al Bósforo, toda una invitación no sólo al misticismo sino al enriquecimiento intelectual. Desde este nuevo estatus, más lúcido y universal, lanza su diagnóstico. Cataluña debería contar con más ministros en el Gobierno.

Zapatero quizás pensara en el Estado autonómico cuando decidió que serían 17 las carteras. Estrictamente, una por cabeza. En la práctica, y con criterios se supone que de capacidad y prestigio, el reparto es asimétrico. El PSC aporta al organigrama dos espadachines. Una es Carme Chacón, hija de inmigrantes. Otro, Celestino Corbacho, extremeño reconvertido. Tenemos un buen cóctel para completar el retrato familiar: andaluces, gallegos, vascos y hasta madrileños en armónica convivencia. Clos se explica: quiere más para que Cataluña aporte mejor "su visión" al resto del país.

Nadie discute a tan exquisita tierra sus virtudes, pero, ¿de qué visión habla Clos? Si se refiere a la financiación, es lógico que los demás se opongan. Más para unos es menos para otros. ¿Habla tal vez del virus identitario? Afortunadamente, quedan en España zonas donde eso (todavía) no cuenta. ¿Y qué hay de las legislaciones diferenciadas y a veces contradictorias entre regiones, o entre éstas y la Administración central? ¿Y la Justicia, los aeropuertos o las consultas populares? Es lógico que un político catalán, consciente de sus envidiables capacidades gestoras, se muera por controlarlo todo y librarse de la torpe Madrid. Pero más de uno querrá para los suyos lo contrario. Sería bárbara una encuesta al respecto en Andalucía. ¿Le importa a usted que la Junta, con su célebre eficacia, sustituya al Estado en todos los servicios que presta?

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