Javier Elzo. Sociólogo

“Los adolescentes piden a gritos más disciplina”

  • Nació en Guipúzcoa hace 66 años y vive en San Sebastián. Estudió Sociología en la Universidad de Lovaina y se doctoró en la de Deusto, donde tiene su cátedra. Lleva más de dos décadas investigando sobre los jóvenes, la violencia y la drogadicción. Se casó “algo mayor” y sus dos hijos se sorprenden de que su padre sea capaz de despertar tanta expectación para hablar con y sobre quienes podrían ser sus nietos. Esta semana presentó en Andalucía su último libro, La voz de los adolescentes (Editorial PPC), guía para orientar a educadores y familias que recoge los testimonios directos de casi 300 jóvenes de entre 16 y 18 años.

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–Se habla mucho de los adolescentes, ¿y se les escucha?

–No, son los grandes olvidados. Yo lo he hecho y he querido darles voz en un libro.

–¿Y qué ha descubierto?

–Son jóvenes que se preocupan por lo cercano, con miedo a la soledad, al aburrimiento y al silencio y que invierten en el pacifismo, la tolerancia y la ecología, despreocupándose de valores como la responsabilidad.

–La adolescencia se alarga. 

–Están mimados y sobreprotegidos. La pubertad empieza antes y termina después, viven años en standby. 

–¿Sin actuar?

–Sí. No se preocupan por el futuro. Pasan de la política, los sindicatos y la religión. Las nuevas formas de socialización tienen que ver con la familia, pero, sobre todo, con los amigos y con internet. 

–Es su nuevo universo.

–Sí. Sus iconos son los chats, los móviles, algunas prendas de vestir, la apariencia física y la devoción por la música. Y el dinero y el preservativo.

–¿Y el botellón y la droga?

–Hay una banalización del cannabis y ha aumentado el consumo de cocaína y alcohol. El botellón es un paradigma del ocio juvenil, pero ya empiezan a verse botellones con poco alcohol. Consumir drogas es para muchos una pérdida de tiempo.

–No todos son iguales.

–Hay acentos. En Andalucía, con mayoría socialista desde hace 25 años, están más interesados por la religión. 

–¿Hay falsos estereotipos?

–El estereotipo del andaluz bullanguero, que no estudia y no trabaja es falso. El modelo del joven que está todo el tiempo de jarana es más frecuente entre los vascos. 

–¿Cómo es el andaluz?

–Menos violento, pero quizás le falta un punch, es un trabajador de a pie, pero no un líder, es más modoso, menos rompedor, cosa que no quita que pueda aparecer un genio. Pero hay estereotipos como el del macho ibérico y la mujer sumisa que se ven más claros en Andalucía.

–¿Eso explicaría el repunte del maltrato a esas edades?

–Hay un revival de la violencia machista entre los adolescentes, sobre todo entre los más torpones, los que son brutotes, tienen defectos físicos, carecen de habilidades para relacionarse... El machismo es muy fuerte en un 10% de los chicos. Aunque también está la chica que dice que se ha follado a media ciudad.

–¿La mayoría de los padres están ajenos a todo esto?

–El sexo es un tema tabú. Yo pido a muchos padres y educadores que compren alguna vez una revista de las que leen sus hijas y vean qué tipo de imagen se da de la mujer. Los chicos leen sobre fútbol y tecnología y ellas, revistas donde se enseña a besar, seducir al chico y ponerlo a cien. Necesitan educación sexual, pero no ésa.

–¿Y ellos la piden?

–No directamente, porque piensan que los adultos le echarán la charla de las precauciones. El 60% practica el acto sexual cuando quiere y con quien quiere, usando preservativo, pero hay otro 25% que cree que las relaciones deben tenerse en el ámbito del amor y, cuando ambos se entregan, el preservativo es un inconveniente, un signo de desconfianza. 

–Se habla poco de esto.

–Muchos adolescentes señalan que sus padres están obsesionado por las calificaciones escolares y no valoran las cosas que les preocupan.

–¿Y qué piden?

–Referentes. Están pidiendo a gritos que alguien les ayude a organizar su vida, a ver qué es lo que está pasando en el mundo, más disciplina, incluso con esa palabras.

–¿Quieren una bronca?

–No es que quieran que se les coja por el cuello y se les dirija, sino encontrar balizas, guías para su vida. Pero no todos saben educar y hay padres desbordados.

–¿Por qué?

–Esa generación de padres es la que hizo la Transición, entonces el prohibido prohibir campó a sus anchas. Entonces se entendía, porque veníamos de 40 años de franquismo, y eso ahora lo están padeciendo los adolescentes, que hoy son más desvergonzados.

–¿También les falta referentes a los padres?

–Hay una dificultad añadida: una revolución familiar. A los padres no les sirven como modelos los suyos. Están reinventando sus papeles con el agravante de que los dos están fuera de casa: la madre ha salido y el padre no ha entrado. 

–Muchos confían en la escuela. 

–La escuela ha perdido fuerza. Ahora los profesores tienen miedo de los alumnos y de sus padres y los propios alumnos temen a sus compañeros. Pero la mayoría prefiere a un profesor que les eduque, no sólo enseñe, que no humille y que escuche.

–No es fácil.

–Tampoco para los adolescentes. Es como si tuvieran que hacer un puzzle de mil piezas sin la tapa para guiarse. Una misión imposible.

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