PACO ALGORA. ACTOR

“Si a Valle-Inclán le quitas lo religioso se queda en los Álvarez Quintero”

  • Acaba de cumplir sesenta años sin hacerse millonario. Es de la misma quinta que Al Gore y vino a Sevilla el mismo año que el premio Nobel, pero sabe más de cambio climático porque nació en un Observatorio Astronómico. En tierras gaditanas quiere formar una escuela de actores para enseñarles lo que aprendió, medita crear un grupo integrado por presos de El Puerto de Santa María y podría impartir un taller con proyección de películas en las que intervino, adaptaciones de obras literarias: ‘La colmena’, de Cela; ‘Réquiem por un campesino español’, de Sender; ‘Tiempo de silencio', de Martín Santos, y 'Soldados', de Max Aub.

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¿Por qué se fue a vivir a Vejer?

–Estábamos haciendo Luces de bohemia en 1984 y el texto estaba más cortado que cuando lo hizo Tamayo en época de Franco. Me fui.

–¿Y no piensa volver?

–Me llamaron para Romance de lobos. Vi el libreto y todas las veces que aparece la palabra alma en el original está tachada. Por lo visto, era ateo; si le quitas lo religioso a Valle se queda en los Álvarez Quintero. Van a muerte a por Valle. En las Comedias Bárbaras sacan una pareja follando en el altar, y eso no está en Valle. Sacaban a un Niño Jesús patinando.

–¿Le resultó fácil romper?

–Dijeron que me había retirado, que me había vuelto loco, que me había muerto.

–¿Cómo se defendió?

–Me puse a escribir un libro que me costó veinte años. Se titula Me llamo Jonás, vengo del vientre de la ballena y humildemente pido la palabra. El título sale de un poema de León Felipe. Los de la memoria histórica están manipulando las cosas. Nadie dice que han quitado de las antologías y de los libros de texto a León Felipe, Bergamín y Ganivet.

–¿Le han propuesto llevar su libro al teatro?

–Estuve cinco días ensayando en casa de Fernán Gómez, que vino en silla de ruedas a la lectura en la Sociedad General de Autores. El prólogo es de Rodríguez Méndez. El abogado, me decía algún compañero confundiéndolo con Rodríguez Menéndez. Ya no conocen a Lauro Olmo, a Alfonso Sastre. Ni a Buero Vallejo.

–¿Es actor por vocación?

–Yo nací en el Observatorio Astronómico de Madrid, en el Retiro, porque mi padre era el portero. El edificio es del mismo arquitecto, Villanueva, que hizo el Museo del Prado, donde nació Toni Leblanc, que nació allí porque su padre era portero del museo. Cuando iba al colegio, recuerdo ver a Toni Leblanc rodando Los tramposos.

–¿Su debut en teatro?

–Con público, en el Liceo de Barcelona. En El burlador de Sevilla decía dos frases; en El Rey Lear no hablaba, pero era el que llevaba a los muertos de un lado a otro. Tenía 17 años y Ana Belén, 15.

–¿Cómo llegó al desengaño?

–Con Franco había comisarios en los teatros. Ahora, las subvenciones son grilletes y mordazas. En tiempos de Franco, Lola Gaos era de la ORT; Fernando Rey, republicano; Fernán Gómez, libertario; Paco Rabal, Víctor Manuel y Ana Belén, comunistas, pero trabajaban todos. Si estabas vetado en la Primera, trabajabas en la UHF. A partir de 1983, o te arrimas o desapareces de un plumazo. Si no eras amigo de Pilar Miró, lo tenías crudo. La libertad es sagrada y gratis, pero es el peaje más caro.

–Ha hecho seis de las siete últimas películas de Garci. Ni Jack Lemmon con Billy Wilder...

–Desde El abuelo, todas menos Ninette. Hasta Sangre de mayo, donde hago un dramaturgo que muere en la miseria. Garci era un apasionado del cine que trabajaba en un banco y Dibildos lo contrata como guionista para el cine de la tercera vía. La primera vez que coincidimos fue cuando hizo el guión de Tocata y fuga de Lolita.

–¿Sale en las memorias de Alfredo Landa?

–No. Pero trabajamos juntos en El puente, de Bardem.

–¿Ha cambiado el oficio?

–El glamour, la alfombra roja, han envenenado el oficio. En el teatro y el cine sólo salen los de la tele. Me llamaron para LaLola y me ofrecían 400 euros. Antes ibas a rodar y veías a Venancio Muro, a López Vázquez, a Rafaela Aparicio. Ahora ves al novio de Chenoa, a la mujer de Bustamante.

–¿Le tocó el cine del destape?

–Hice Me siento extraña, con Bárbara Rey y Rocío Dúrcal, que la calificaron S y es de culto. Marieta se portó de maravilla en la huelga de actores. Todas las mujeres de este país se cortaban el pelo como Bárbara Rey. Y los travestis. Con ella hice otras tres películas.

–¿Y cuántas en total?

–Rechazadas, casi doscientas. Siempre preferí hacer un pequeño papel en una buena película que protagonista en un espanto. Pero tuve cuatro películas de protagonista en la Gran Vía. Se cree que en los setenta sólo se hacía landismo y destape. Se hizo Furtivos, por ejemplo.

–¿La movida de los 80 eclipsó el cine de los setenta?

–Estaba subvencionada.

–¿Trabajó con Almodóvar?

–En teatro, porque pasó por Los Goliardos. En cine, no.

–¿Vive en el vientre de la ballena?

–Es mi refugio ante esta crisis de talento y vocaciones. Contra este prototipo de la modernidad de ser revolucionario a los veinte, burgués a los cuarenta y millonario a los sesenta.

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