Una sombra menos del pasado

  • La validación del proceder de la antigua dirección despeja el horizonte

Conforme se iban sucediendo las crónicas que desde Alcalá de Henares relataban el juicio por administración deselal y apropiación indebida a la antigua cúpula directiva de Abengoa se acrecentaba la sensación que la sentencia hecha pública ayer por la Audiencia Nacional confirmó con contundencia: no hubo ilegalidad alguna y las indemnizaciones, por cuantiosas que parezcan, se ajustaron a lo previamente establecido en los contratos de los ejecutivos en el caso de su cese.

Respecto a la destitución de Felipe Benjumea como presidente de Abengoa, el ponente de la sentencia no tiene duda alguna de que el consejo de administración la acordó como condición impuesta por la banca y con el objetivo de asegurar la continuidad de la compañía. Esa condición de imposición es clave, porque Benjumea tenía derecho a esa remuneración si se jubilaba en el cargo o si tenía que abandonarlo por causas ajenas a su voluntad.

En el caso de Antonio Sánchez Ortega, el ex consejero delegado, aunque su marcha fue voluntaria, la indemnización correspondía para remunerarle por la imposición de una claúsula de no competencia con Abengoa, algo muy habitual en los contratos de alta dirección.

Que los jueces hayan sido tan rotundos y claros al considerar que no hubo actitud dolosa alguna, que el consejo de administración de la multinacional sevillana actuó de forma legal y que la Comisión de Remuneraciones y Nombramientos sólo acordó lo que se ajustaba a lo pactado en los contratos permite que se disipe una sombra del pasado de Abengoa, que, pese a vivir una crisis importante en el final de la etapa de gestión de sus fundadores, no puede juzgarse sólo por ello sin tener en cuenta su conversión desde una empresa de ingeniería local en una multinacional que opera en todo el mundo y que llegó a ser puntera en el desarrollo de las energías renovables.

Que esas sombras se disipen sin reproche de índole penal o civil puede ayudar también a que se despeje aún más el horizonte de recuperación por el que trabaja la actual dirección de Abengoa, que ha decidido volcarse en los negocios tracionales de la compañía, vendiendo todas las actividades de los negocios que se consideraban no estratégicos.

Pese a que se han perdido miles de empleos en el proceso de ajuste y reflotamiento de la compañía, lo importante es que la nueva Abengoa tenga viabilidad, para mantener la riqueza que aún produce para España y Andalucía y contribuir así a mantener los miles de empleos que todavía genera la compañía, la mayoría de ellos en Sevilla.

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