Obispos alemanes, en pie de guerra contra Deutsche Bank

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La crisis está tensando en Alemania las relaciones entre dos estamentos muy bien avenidos históricamente: la Iglesia y el mundo de la empresa y las finanzas. Y ello porque las críticas a la "divinización del dinero" y al poder banquero han sido la tónica dominante en los mensajes navideños y en los sermones de los obispos alemanes en estas fiestas, capitaneados por Wolfgang Huber, presidente del Consejo de la Iglesia Evangélica, y por el arzobispo católico de Múnich, Reihnard Marx. Ambas confesiones suman 50 millones de fieles en el país.

Ante ello, el ministro alemán de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, anunció ayer en una entrevista en la prensa germana que promoverá una cumbre entre los obispos alemanes y el ámbito financiero para pacificar los ánimos. Huber, en concreto, personalizó sus críticas en Josef Ackermann, presidente del gigante Deutsche Bank y quintaesencia del banquero sin escrúpulos para muchos de sus compatriotas, de quien dijo que pretendía sacar unos rendimientos "exagerados", que tarde o temprano llevarán al "hundimiento".

Los propósitos de Ackermann son "una forma de divinización" alrededor del "ternero de oro", dijo Huber, para quien "el dinero se ha convertido en un dios".

Las críticas al poder de la banca dominaron asimismo el sermón navideño del arzobispo muniqués Marx, autor de un libro titulado El Capital, que da una perspectiva católica al famoso manifiesto comunista del filósofo alemán con quien comparte apellido y título de libro, Karl Marx.

El arzobispo hizo hincapié en su homilía en la "tendencia a la deshumanización de la economía", criticó la evolución de los mercados financieros y bursátiles e instó a regresar a los "fundamentos del humanismo".

Paralelamente, cinco obispos de la Iglesia de Inglaterra acusaron también ayer de "corrupción moral" al Gobierno del primer ministro laborista, Gordon Brown, al poner en entredicho sus "escandalosas" políticas para afrontar la crisis. El de Manchester afirmó que el Ejecutivo laborista está "seducido por el dinero" y "moralmente corrupto".

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