Mapfre focaliza en América Latina, EEUU y China su apuesta por el mercado internacional

  • Alberto Manzano, vicepresidente primero del grupo, asegura que la consolidación del negocio español y los avances en el exterior refuerzan sus posibilidades de futuro

Tres cuartos de siglo han bastado para que una pequeña mutua creada en 1933 para proteger a los propietarios de fincas rústicas se acabara transformando, con el paso de los años, en la primera aseguradora de España y, de paso, en uno de los gigantes europeos del sector. Inmersa en los actos que conmemoran su 75 aniversario, Mapfre se niega a levantar el pie del acelerador y, ajena a los vientos en contra de la crisis, mantiene intactos sus objetivos. Uno de ellos trata de afianzar la vocación internacional del grupo, como subrayó ayer en Sevilla su vicepresidente primero, Alberto Manzano Martos, protagonista de la última edición del Foro Joly.

"Notamos la crisis, como todos, pero el negocio del seguro es anticíclico: se defiende bien y tiene capacidad para enfrentarse a ella". Ese diagnóstico, esbozado por alguien que se define a sí mismo como "un andaluz [nació en Jerez] que lleva 45 años en el exilio" , puede que esconda parte del secreto del decidido salto al exterior de la compañía, una metamorfosis iniciada en los años 70 -"nos dijeron que estábamos locos", recordaba ayer Alberto Manzano- que se traduce hoy en una presencia en 44 países de cuatro continentes. De España a Polonia; desde Libia a Filipinas, Jordania o Costa Rica.

El futuro sigue siendo España -y Andalucía, donde Mapfre "hunde sus raíces"-, pero el viaje más allá de nuestras fronteras no tiene vuelta atrás. Tanto, que Manzano incluyó ayer, ante una audiencia de casi 400 delegados y representantes de su compañía, cuatro grandes objetivos internacionales entre los retos de futuro. El primero pasa por potenciar las operaciones de seguro directo en Latinoamérica, especialmente en los mercados mexicano y brasileño, dos destinos "que funcionan bien, pero donde la cuota de mercado es aún reducida y queda mucho por hacer". Más al norte, Mapfre pretende afianzar también su posición en el mercado estadounidense del seguro directo, un área estratégica en la que ya estaba presente desde 2001, pero que ha visto disparado su interés tras el desembarco este mismo año con el control de Commerce, un grupo con sede en Massachusetts que ha ensanchado las posibilidades de crecimiento en la primera potencia mundial. "Es un mercado gigantesco y, sobre todo, sin barreras. Si te adaptas a las reglas y eres solvente, no tienes ningún problema para comprar empresas", destacó ayer Manzano durante su intervención.

Pero la lista de objetivos no acaba ahí. La apuesta internacional de Mapfre contempla ampliar aún más la presencia de la multinacional en el área europea del seguro directo, sobre todo en los países de la zona sur del continente tras la entrada en 1994 en Italia (Sicilia, a través de Mapfre Progess), en 1998 en Portugal (Mapfre Seguros Gerais) o en 2003 en Malta (Middelesea Insurance). Y un cuarto puntal en esa estrategia transfronteriza: desarrollar productos de asistencia e implantar los directos en China para, entre otras cosas, aprovechar el tirón poblacional y económico de la mayor potencia emergente del planeta.

¿Por qué el salto al exterior? Manzano echó ayer la vista atrás en busca de respuestas y las encontró en un momento clave para el grupo, la ya lejana década de los 70. Eran, como ahora, días de dudas y crisis, pero para Mapfre también de reestructuración y transformación en un auténtico grupo asegurador articulado sobre filiales especializadas. Fue entonces cuando se dibujó el Plan 1.000, bautizado así tomando prestada la cifra de la mítica barrera de facturación (mil millones de pesetas) que se pretendía alcanzar. Tiempos en los que la compañía no pasaba del puesto 30 en el ranking nacional, pero aspiraba a colarse en el pódium de los grandes. En 1992 asaltaría el primer lugar al desbancar la todopoderosa Unión y Fénix.

"Había que salir, y sobre todo a Latinoamérica, para ganar tamaño. Sólo así podríamos diversificar y aportar a la consolidación de nuestro resultado", rememoraba ayer Manzano. El viaje al otro lado del Atlántico dio sus frutos: además de primer grupo español, Mapfre lidera hoy el ranking del ramo de no vida en Suramérica (aporta el 53% de todas las primas), además de ocupar el undécimo lugar en la clasificación del Viejo Continente.

La aventura tenía también otros ingredientes, desde dar cobertura a las primeras multinacionales españolas que cruzaban el charco hasta aprovechar el menor coste inversor, sacar partido de la ventaja de una lengua común o lanzar las redes en un subcontinente cuya inversión en primas sólo alcanza el 2% de su PIB (frente al 5% de España o el 8% de media en la UE).

Décadas después, las cifras confirman que aquel salto no fue al vacío. Los 43 países que se unen a España en la extensión geográfica del grupo aportan 148 de las 273 entidades que lo conformaban a finales de 2007, pero también más de la mitad de los 34.000 empleados que la sustentan y están a un paso de igualar las 3.000 oficinas distribuidas por territorio nacional (2.368 de las 5.500 sobre las que gravita la red).

¿Y Andalucía? La región que ayer sirvió de punto de reunión a la cúpula de Mapfre contempla ya 618 sucursales u oficinas que albergan a 963 empleados y casi 3.600 agentes. En total, el negocio en la comunidad mueve casi mil millones de euros en primas, con una cuota de mercado que ronda el 16%. "No está mal", destacaba ayer Manzano.

Dos años después de afrontar uno de los mayores procesos de reestructuración en sus 75 años de vida, el que desembocó en la desmutualización y abrió las puertas a la actual estructura corporativa (Fundación Mapfre es el accionista mayoritario de Mapfre, lo que "garantiza su independencia y españolidad"), el grupo arroja balances positivos. Desde 1981 cotiza en el mercado español y forma parte del Íbex 35, el selecto grupo de las mayores empresas por capitalización bursátil, además de contar con la solvencia de Caja Madrid, que controla el 15% de su capital (el 63% pertenece a la Fundación, que ejerce como socio mayoritario, y el 22% restante circula en el parqué en manos de accionistas particulares e institucionales).

Los grandes datos también avalan la trayectoria de la compañía. Al cierre del tercer trimestre contaba con 5.937 millones en recursos propios, superando ya, a falta del periodo septiembre-diciembre, los 5.614 millones con los que despidió el ejercicio de 2007. Los ingresos pueden romper también la barrera del año anterior (13.057 millones contabilizados a 31 de septiembre de este año, frente a los 14.866 millones de 2007). En el capítulo de activos ya se ha superado ese listón (42.309 millones en el tercer trimestre, por encima de los 37.627 anteriores), caso idéntico al del volumen de patrimonio gestionado (48.966 millones, superando los 44.820 del ejercicio precedente). Y en cuanto al beneficio, los 716 millones que sumaba hasta el tercer trimestre están a punto de rebasar los 731 marcados en 2007.

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