La última flor en El Arcángel

No hay circunstancia en el fútbol -ni en la vida- que no lleve aparejado su tópico de rigor. Sea como estimulante o consolador, el manido dicho aparece del modo más natural, sin que nada pueda evitarlo. A propósito de la situación actual del Córdoba, una cruel encrucijada para poner broche a una Liga que no hubiera sido capaz de idear el guionista más perverso, viene a cuento, entre otros topicazos, el que hace referencia a "la flor". Sí, ésa que dicen que tenía Escalante para lograr ascensos con el Córdoba o la que aseguran que posee José González y que hace efecto cada vez que hay que reflotar al Cádiz. La flor, que se ubica -según la leyenda- en el trasero, viene a simbolizar la capacidad de atraer la suerte -la buena- justo cuando se necesita, cuando no hay otra oportunidad, como una mágica e imbatible conjura entre el acierto propio y el error ajeno que produce el efecto ideal. Flor. Buena suerte. Algo de eso precisa el Córdoba. Pero tiene que ser hoy, sin más demora. Porque lo contrario podría provocar funestas consecuencias que, curiosamente, quedan explicadas de manera muy gráfica en cierto episodio acaecido durante la mejor Eurocopa de España desde la hazaña ante los pérfidos rusos en el Bernabéu en 1964. El reverso tenebroso de la flor, podría decirse. El polifacético autor Carlos Toro, experto diseccionador en tono divertidode los entresijos del deporte del balón, lo relata en su recomendable libro Anécdotas del fútbol.

"Tan popular se hizo la frase del presidente de la Federación, Pablo Porta, acerca de que don Miguel (Miguel Muñoz, seleccionador nacional) tenía 'una flor en el culo', que un periodista la sacó a colación tras la sorprendente victoria de España ante Alemania en la Eurocopa de 1984 (gol in extremis del defensa Maceda). Era la cena de la celebración del éxito. Muñoz se descolgó con una afirmación suscribible por todo heterosexual: 'Más vale tener una flor en el culo que una polla".

A esto precisamente ha llegado el Córdoba. El partido de hoy ante el Racing de Ferrol no admite medias tintas. O flor... o lo otro.

que me voy

El destino, según unos, o el desatino, para otros, ha convertido el último partido en El Arcángel en el último partido de un apreciable número de altos cargos y otros asalariados de la entidad, abocada a vivir sus dramas de un modo extrañamente festivo: la gente se debate entre lanzar confetis o piedras. Se irá el presidente, Rafael Campanero, si se conserva la categoría. Se irá el entrenador, José González, si se pierde. Se irá de cualquier forma Javi Moreno, el abanderado de la penúltima resurrección del Córdoba, el afamado goleador que llegó como salvador al equipo en Segunda B y que no quiere cerrar su trienio blanquiverde dejando a la formación en el mismo sitio en que la encontró. Eso es lo que ha repetido hasta la saciedad en su gira por los medios durante la semana. No quiere irse sin prestar un último servicio. ¿Tendrá esos últimos minutos de gloria? No es Javi Moreno el único que no volverá a pisar El Arcángel de blanco y verde. Pero los otros no dicen nada.

Todos, los que tienen la maleta hecha y los que no saben si el próximo curso regresarán los viajes de tres horas en autobús, con derecho a bocata y refresco, para jugar en algún pueblo cercano, tienen hoy una prueba de profesionalidad y hombría, de carácter y casta. De ellos depende que sean recordados como héroes o como presencias fantasmagóricas en una de las temporadas más extrañas en la extraña vida de un club que es un imán para las situaciones límite. La de hoy parece el no va más: enfrentamiento directo con el adversario que marca el límite entre el alivio y la condena. Otro Getafe, otro Leganés, otro Cartagonova... Cara o cruz, tú o yo, aquí y ahora. A partir de las ocho de la tarde, Córdoba será distinta.

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