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Es un señor, es un truhán

  • Del paradón de Julio Iglesias al gol de Toedtli pasaron noventa minutos de delirio y pesadilla · Los cien aficionados cordobesistas presentes en la grada, abatidos

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El disco con los éxitos de Julio Iglesias amenizó el almuerzo de la mayoría de los periodistas desplazados a El Ejido para escribir el trigesimocuarto capítulo en la novela del Córdoba 07-08. No sabíamos si era una broma macabra del destino, por aquella recurrente cantinela de que el portero blanquiverde iba a cantar. Iglesias se ganó el apelativo de señor al detener un penalti en el primer periodo, pero la alegría casi nunca es completa esta temporada: el segundo le convirtió en truhán porque Toedtli, al contrario que Jorge Molina, sí le engañó. A falta de puntos -con la victoria de ayer ha alcanzado los 33, pero eso no evita que siga cerrando la clasificación-, el Poli Ejido tiene dos mascotas: una suerte de superhéroe de pacotilla, con bastantes años y barriga -quizá se haya jubilado ya-, y un tigre de bengala en tonos grisáceos. Para felino, el arrebato de Julio Iglesias en la pena máxima desperdiciada por Jorge Molina. Fue la acción que marcó el primer periodo. Para zarpazo, el de Toedtli al borde de la conclusión. Fue la acción que definió el partido, y quién sabe si la campaña de un Córdoba en estado comatoso.

Del Cerro Grande se limitó a aplicar justicia y de paso echó un cable gigantesco a un conjunto a los pies de los leones. El público se había rebelado contra el palco en un calco de lo sucedido la semana pasada: pañuelos y sobre todo periódicos al viento como signo de reprobación. De repente, el juez les concedió una tregua. Mientras, el Córdoba no termina de levantarse del banquillo de los acusados. Se acerca el juicio final.

Desde las cabinas de Santo Domingo al césped hay una distancia considerable por culpa de las dichosas pistas de atletismo. Y qué decir de la grada de Fondo, donde se concentraba el centenar de aficionados blanquiverdes que habían viajado con el apoyo del club y la Federación de Peñas (20 euros por la plaza en el autocar y la entrada). Más al fondo se divisa el mar de plástico -los invernaderos son un elemento básico en el paisaje- que ha transformado El Ejido en una localidad próspera, donde conviven extranjeros de muy diversas procedencias. Almería es un foco de inmigración, una oportunidad para que personas sin excesivos recursos se ganen la vida. Mano de obra barata… y gana la banca. Que se lo digan, por ejemplo, a Gabriel Hidalgo y su cochazo negro, flamante, aparcado en los aledaños del estadio. Tiene mucha pasta.

El dinero no da la felicidad, aunque ayuda a conseguirla. La pelota es caprichosa a más no poder y se ve orientada por los designios del árbitro, cuyo poder es irrebatible. Las protestas visitantes tras la señalización del segundo penalti incluyeron a Cristian Álvarez, Julio Iglesias, Julio Pineda e incluso David Valle o José González, quienes pidieron explicaciones a alguien impasible. Sólo Javi Moreno obstaculizaba el barullo, solicitando calma. Es difícil controlar los nervios cuando ves que se te va la vida.

En el descanso del partido se rindió un homenaje al Poli Ejido de la categoría alevín-7 por su reciente subcampeonato liguero. El speaker reclamó "un aplauso para nuestro futuro". El presente celeste ya no es tan crudo, aunque el farolillo rojo sigue distorsionando la realidad. Mientras, el verde pistacho del Córdoba es un verde desesperanza.

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