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El penetrante aroma del miedo

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Durante 77 largos minutos, el aroma del miedo infectó con su característico tufo las asimétricas gradas de El Arcángel. Apenas perceptible al principio y cada vez más penetrante con el paso de los minutos, el miedo empieza a colarse por cada rendija del estadio sin que uno sepa muy bien cómo, como un invitado sin abono, como un espectador que se cuela sin entrada. Ayer estaba allí, ocupando su espacio, sobrevolando un equipo, una afición y un club que pelea por escapar de sus fantasmas, por eludir a sus demonios más recientes. El tanto de Asen a falta de poco menos de un cuarto de hora para el final hizo justicia, pero también las veces de ambientador ante el pegajoso aroma del miedo.

Porque el partido de ayer fue un acelerado resumen de lo que está siendo el Córdoba en el primer tercio liguero, un equipo con mucha mejor pinta que resultados. El debate abierto durante la semana (¿hacia dónde mirar: arriba o abajo?) no hizo sino alimentar una realidad que ayer se pudo ver engordada ante la sólida posibilidad de una derrota ante el Elche, un marcador que durante 77 largos minutos pesó como una losa sobre los blanquiverdes.

Porque el Córdoba ha ofrecido -y ofreció ayer- todos los síntomas de un equipo que acaba metido en problemas. Puede sonar alarmista, pero es algo preocupante. Sólo hay que hacer recuento: la ristra de empates en el descuento, los despistes fuera de casa, la falta de concentración en las jugadas a balón parado, las quejas a los árbitros, la sucesión de ocasiones falladas... Los equipos que juegan bien y pierden llevan escrita la condena en su camiseta, y el Córdoba de ayer fue uno de ellos hasta que llegó el tanto de Asen. Porque el salto cualitativo de empatar a perder va mucho más allá de un resultado puntuar. Es una tendencia.

Quizás haya que valorar el empate como un anclaje, un clavo que durante siete días sostendrá el crédito de un Córdoba que parece hecho para algo más que deambular por la zona media y esquivar el infierno. Pero el punto no debe esconder una peligrosa realidad. Puede que Paco siga con su mensaje ambicioso, pero si Asen no hubiera rescatado a un buen Córdoba, hoy habría infartos mirando el teletexto. "¿Pero qué pensáis, que vamos a bajar a Regional?", dijo hace cuatro años Txiki en la sala de prensa del estadio cuando la dinámica positiva de la primera vuelta empezaba a saltar por los aires, una situación peligrosamente parecida a la actual. Al final, el Córdoba tuvo que salvar la vida en Leganés después de un truculento tramo final.

Mientras la grada, el propio club y los foros mediáticos se pierden en absurdos debates y metáforas como el de la botella medio llena y medio vacía, puede llegar un gracioso y romperla. Seguro que entre sus cristales, derramado por el suelo, se escapa el aroma del miedo.

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