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Una igualada bien recibida en las dos orillas

  • El Betis acabará por encima de un Sevilla que amarra la plaza europea

El sevillista Roque Mesa conduce el balón perseguido por Javi García. El sevillista Roque Mesa conduce el balón perseguido por Javi García.

El sevillista Roque Mesa conduce el balón perseguido por Javi García. / antonio pizarro

El derbi sevillano se cerró con un juego intenso, como casi siempre, con alternativas en el dominio y en el marcador y con un empate (2-2) que no disgusta ni al Betis, que quedará esta campaña por encima del rival, ni al Sevilla, que se asegura entrar también en Europa.

Se presentó un derbi de altura, como hacía bastantes temporadas que no se veía, con el Betis con la plaza europea asegurada y con el Sevilla con ganas de amarrarla. Los locales, además, tenían la oportunidad de complicarle la vida al eterno rival en su empeño de una nueva clasificación continental y también de hacer un pleno en los partidos de la máxima rivalidad tras el 3-5 de la primera vuelta en el Sánchez Pizjuán.

La intensidad y las alternativas marcaron un derbi sevillano de nuevo en las alturas

El equipo de Quique Setién no dejó ni un segundo a la especulación y salió con fuerza hacia el área sevillista con el enfervorizado apoyo de sus seguidores. Una falta lateral puso la base del tempranero 1-0, que llegó antes de que se cumpliera el minuto cinco, obra de Marc Bartra. No cambió nada tras el gol, pues el equipo bético mantuvo la presión muy alta ante un adversario descentrado y sin saber cómo salir de su campo.

Por fin al paso por el cuarto de hora, el meta Pedro López, que volvió ser titular, tuvo que intervenir con acierto para quitarle el balón de la cabeza a Nolito. Ese lance pareció ser un punto de inflexión para el equipo visitante, en el que apareció Banega para darle un punto de cordura al juego.

Nolito estuvo muy cerca de devolverle la moneda al Betis nada mas empezar la segunda parte, pero al gaditano se le fue el balón cerca de la cepa de un poste. Siguió el Sevilla como acabó el primer acto, con el balón y la iniciativa ante un rival despistado pero que se aprovechó de que los visitantes estaban negados ante el marco. Pese a ello, llegó el tanto sevillista antes de que se cumpliera la hora de juego, en una rara jugada en la que el más listo fue Ben Yedder entre la descoordinación de los defensas locales.

El empate fue un resorte para el equipo de Setién, quien puso en el terreno a Loren Morón para refrescar el ataque. Pronto pudo dar fruto ese cambio porque el punta estuvo cerca de marcar si no hubiese sido por el cruce milagroso de Lenglet. Entonces se vio otro partido, más de control por el miedo a perder y con la intención de sorprender en alguna acción, y ésta llegó del lado sevillista en un córner que acabó con el remate de Kjaer. El Sevilla no supo mantener la renta y dos minutos después Loren puso el empate que fue ya definitivo.

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