Sergio y Pablo acabaron rezagados

Las aspiraciones de los dos eran totalmente distintas, aun con el punto en común de una victoria reciente. Sergio, ausente Tiger Woods, era el principal favorito incluso de las casas de apuestas, que en estos asuntos suelen hilar fino. Pablo, tras su apabullante victoria en Versalles, no tenía obligaciones más que disfrutar de la ocasión de jugar el Open y darse las oportunidades que tuviera a mano.

Y lo cierto es que Sergio, aun firmando un golpe más cada día, estaba en una situación sólida, de aspirante ligeramente rezagado. Quizá, como le pasó a Tiger en el último Masters, se podría quedar un poco corto y lamerse las heridas con otra buena posición en el Open. Pablo, tras pasar un corte que parecía que se le iba a tragar por un golpe, había cumplido su primer objetivo.

Pero Sergio, en la final, se fue hasta 78 golpes, nueve más que Harrington, quien le aventajaba en dos antes de salir. Nuevamente comenzó la vuelta con un bogey en el 1, pero en el hoyo 9 se ponía al par del día. Antes de que el irlandés flaqueara con sus tres bogeys consecutivos (7 al 9), Sergio ya había entrado en una cuesta abajo irrecuperable: tres bogeys consecutivos, dos doble bogeys a continuación, tres pares para calmar un poco la sangría y un bogey para despedirse.

Como siempre quedan las dudas. ¿Qué hubiese pasado si los tres bogeys de Harrington llegan antes? Quizá Sergio se hubiese templado y se hubiese dado una oportunidad de volver a las alturas. Pero no fue así y el castellonense quedó sin un trofeo que ansía y que, esta vez, parecía que lo tenía más cerca que nunca.

Pablo Larrazábal se durmió en los laureles de tener el trabajo hecho y en la final no peleó como en días anteriores por cada resultado. Empezó con tres bogeys consecutivos y bajó los brazos.

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