FÚTBOL

Moyano, el Di Stéfano de Costa Rica

  • Antonio Moyano Reyna, natural de Puente Genil, da su nombre a la actual edición torneo liguero costarricense · El cordobés lleva más de 35 años en un país que le considera una leyenda de su fútbol

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El Di Stéfano de Costa Rica, el mayor mito del fútbol del pequeño país centroamericano, es un cordobés de Puente Genil. Un reportaje del programa de Canal 2 Andaluces por el Mundo redescubrió a este pontanés cercano a los 75 años que hizo las maletas hace más de 35 años para convertirse en toda una institución del fútbol costarricense.

Nacido en el seno de una familia de once hermanos, Moyano fue un fino centrocampista que pasó por equipos como el propio Puente Genil, el Zamora de la entonces dura Tercera División, o el Atlético de Madrid, aunque Helenio Herrera le mandó cedido al Rayo Vallecano. El Zaragoza (donde quizás cuajó sus mejores años), Jerez, Recreativo de Huelva y Úbeda fueron otros de sus destinos como jugador, hasta que una lesión de menisco acabó con su carrera. “Entonces no era como ahora, y por mucha inyección que me pusieran siempre me dolía la rodilla”, recuerda aún hoy. Esa retirada fue el inicio de un viaje que le cambió la vida.

Moyano cogió un avión y se marchó a trabajar con la selección de Panamá durante dos temporadas y cuando su contrato estaba a punto de acabar se cruzó con Eduardo Viso, un ex compañero del Zaragoza que le abrió la opción de entrenar en Costa Rica. Era 1972, el inicio de una historia que aún continúa.

Llegó un martes a la sede del Herediano, un equipo de la zona media de la tabla. Habló con el presidente, se dieron un apretón de manos y el domingo empezó la liga contra el Saprissa, “el Madrid de acá”, como el mismo dice. “Me metieron un 7-0 y creí que era el principio y el final”, pero fue sólo el inicio de un camino que colocó al fútbol tico (como son conocidos los costarricenses) en el panorama internacional.

Su paso por otros equipos como el Limonense, el Puntarenas o el San Carlos fueron el paso previo a su llegada a la selección nacional, a la que clasificó para los Juegos Olímpicos de Moscú 80 –aunque no coincidió en el grupo con la España de Buyo– y Los Ángeles 84, lo que hasta entonces suponía el mayor hito de su historia. En ambas citas quedó eliminada en la primera ronda, pero de California se trajo un histórico triunfo (el único en seis partidos) ante Italia, un 1-0 que se recordó durante mucho tiempo en todo el país.

Esos éxitos le dieron prestigio para volver al Herediano, al que hizo campeón de liga en 1987, su mayor éxito como entrenador de club, y el ascenso a la selección absoluta, con la que consiguió la clasificación para el Mundial de Italia 90, todo un triunfo para un conjunto que hasta entonces no era nadie en la CONCACAF. Moyano hizo toda la preparación, pero él mismo eligió al serbio Bora Milutinovic para que guiara a la selección en Italia. Ese gesto le convirtió definitivamente en un grande del fútbol costarricense, un hombre capaz de trabajar en la sombra y quitarse del primer plano cuando todos los focos están apuntando.

Tanto que tras el Mundial volvió a hacerse cargo de la selección durante dos años hasta completar unos números de 72 partidos dirigidos con 28 victorias, 22 empates y 22 derrotas. Siguió en los banquillos hasta 1992 y posteriormente se incorporó a la dirección técnica del Brujas, uno de los grandes equipos del país, hasta que hace cuatro años se retiró completamente, aunque sigue siendo un asesor de confianza, una voz que todos escuchan antes de tomar una decisión.

El cordobés es una leyenda en Costa Rica, admirado y respetado hasta el punto de que la Unión Nacional de Fútbol decidió que el campeonato invernal de esta temporada llevara el nombre de Antonio Moyano Reyna. Cuando hace unos meses hizo el saque de honor en el estadio Ricardo Saprissa, el pontanés vio reconocida toda una vida de trabajo. “Es algo extraordinario, un orgullo. No lo esperaba y es algo que no se me olvidará mientras viva, es un honor”, dice pleno de alegría.

Porque aunque Antonio reconoce que “añoramos mucho nuestra patria”, él y su familia ya se sienten “ticos por los cuatro costados”. “Costa Rica nos lo ha dado todo, tengo un nieto tico y aquí me van a enterrar cuando llegue mi hora”.

Pese a todo, Moyano no olvida sus raíces, su Puente Genil natal, donde aún siguen viviendo algunos primos, el aroma a membrillo y su devoción por la procesión de Los Apóstoles, un retazo de la Semana Santa pontanesa que no se le va de la memoria a pesar de los muchos años que lleva fuera de su cuna. La paella de los domingos, otra tradición imperturbable en su casa, o una buena partida de dominó en la Casa de España son otras de las costumbres que le recuerdan un país que dejó hace casi 40 años.

Antonio, que sigue leyendo diariamente el As y el Marca en su casa, es ante todo un apasionado del fútbol, una enciclopedia viviente gracias a su fantástica memoria, “tanto que a veces me asusto”. “Siempre les he pedido a mis jugadores buen toque, velocidad. Ahora ha cambiado, se estila más la preparación física, pero la técnica y la calidad no se deben echar atrás”, dice con la voz de la experiencia, la que le hace asumir con orgullo que “nunca he engañado a nadie y siempre traté de hacer una buena labor allá donde fui”. En Costa Rica he mostrado que vine a dejar algo, no a estar de paseo”. Por eso, Antonio Moyano Reyna, un cordobés de Puente Genil, es el Di Stéfano de aquel país.

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