"Me sigo considerando un cura obrero"

  • "Los proyectos públicos de transformación social no pueden acabar generando personas dependientes del presupuesto del Estado" l "Fuera de la calle Torremolinos se encuentra más y mejor droga que dentro"

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Hace tres años, un infarto lo fulminó diciendo misa. Lo que no ha hecho que le cambie el humor, el vicio o las ganas de trabajar. Referente para la zona más pobre del Sur de la ciudad, Juan Perea ha sido y es cura de San Martín de Porres, líder vecinal, agitador cultural, impresor, gestor público y defensor de una gente que bastante tiene con lo que ya tiene. Cuesta ver en este hombre dicharachero y ocupado a un miembro de la grey de Rouco que habla de integración donde otros disetar de familia y moral y defiende la superación personal y colectiva donde otros discuten sobre financiación, bancos y consejos de administración.

-¿Cómo ha recibido el barrio la propuesta de un Plan Urban para la zona Sur? ¿Se ilusiona el vecino con estas cosas?

-Para la gente, todo lo que sea mejorar se recibe con un cierto escepticismo hasta que no se ven los resultados, pero también con la ilusión de la que la zona vaya cambiando. Ese es un tema poco conocido, que está en ciernes, porque lo tiene que aprobar Madrid y, después, Bruselas.

-¿Existe ya la conciencia de que la Administración se toma en serio la situación del barrio?

-De diez años para acá, se palpa que las administraciones se están preocupando y que esto va acompañado de lo que tiene que ir acompañado: de inversiones. Se nota. Con mi perspectiva histórica, llegué en 1972 al barrio, se nota un avance en la preocupación. El Sur también existe va siendo una realidad.

-Además, ha cambiado el barrio. Se ha pasado de problemas de pobreza y de la integración étnica a la presencia masiva de inmigrantes, que no sé cómo digiere el barrio.

Yo te puedo hablar más del Sector Sur. De cuatro a cinco años acá, empezaron a llegar sudamericanos y rumanos. Yo no percibe una situación de rechazo. En mi bloque, viven dos familias rumanas en el mismo piso y las relaciones con ellos son muy normales. Es gente muy educada. Nunca he escuchado quejas, no percibo conflicto. Es un vecino más que está presente.

-Y a la hora del trabajo social, se cambian presupuestos históricosý

-Habría que prever esas cosas, sí. El problema es que a veces los programas sociales se ponen en marcha cuando surgen los conflictos, pero no los prevén. Y eso es más difícil, pero habría que hacerlo. Las administraciones tendrían que adelantarse a los acontecimientos para evitar conflictos, pequeños o grandes.

-Este es un barrio que tiene cada vez más mayores.

-Claro, esta es zona de aluvión de los sesenta y ahora mucha gente se le han casado los hijos y se les han marchado fuera del barrio. Sí ocurre que aquí la vivienda es más barata que en el resto de la ciudad y han llegado muchas parejas jóvenes. Se le va viendo la punta a familias jóvenes -casadas, unidas o lo que sea- y a más niños en el barrio. Este barrio tiene ya más de 50 años. Gente que llegó con 18 años tiene ahora 70.

-Con lo que eso trae de problemas con viviendas.

-Son viviendas no preparadas, que eran y siguen siendo pequeñas. Tienen entre 45 y 55 metros cuadrados, en su mayoría, para familias numerosas. Ahora estamos rehabilitando los bloques y se agrandan los pisos en dos metros cuadrados integrando el cuarto de pila en la cocina. Hay gente que dice que ahora no necesita ese espacio porque se quedan sin los hijos.

-En los programas públicos se prima el arreglo de calles y viviendas frente a otro tipo de iniciativas sociales, de empleo o alfabetización.

-En 1994, la asociación de vecinos La Unidad planteó por primera vez este problema a todas las administraciones, y decíamos que el programa de rehabilitación se tenía que sustentar en la reurbanización (e iluminación, alcantarillado,ý) de calles, intervención en viviendas y los programas de transformación social. Esto que hacemos servirá porque el barrio cambiará, pero no sólo hay que rehabilitar calles, edificios, también las personas tenemos que cambiar comportamiento. En temas como la escolarización y aprovechamiento de los escolarizados (no es suficiente que el 90 por ciento vaya al colegio si no se le hace un seguimiento especial a los chavales): tienen que ir a la guardería, a primaria, a ESO y, si podemos, a la Universidad. Otro problema fundamental es el trabajo: hay gente no cualificada y la gente no tiene que vivir de las ayudas sociales sino del producto de su trabajo. Eso es crear personas y no seres dependientes de la Administración.

-La década de los 80 trajo la droga que machacó a los barrios obreros, no sólo a éste. ¿Cuál es la situación hoy?

-Dentro del Sector Sur, hay una zona que se identifica más con el tema de la droga. Pero la droga está en toda la sociedad. Cualquiera encuentra fuera del barrio más y mejor droga que aquí. Es verdad que tenemos puntos de ventas de droga pero no son supermercados, son pequeños intermediarios. El problema es que cuando coges la famaý Es tan difícil quitar la fama. De los 25 bloques de la calle Torremolinos, sólo tres son más conflictos y el resto, muy normales, no hay trapicheo. Y la gente que vive aquí está más en contra de la droga que los que viven en otros barrios. Porque aquí se sufre el estigma: lo de tú vives en la calle tal.

-De todas formas, ha cambiado incluso el drogadicto tipo.

-Sí. Antes, eran personas mal vestidas, mal peinadas, con jeringuillas al lado. Creaba un impacto grande. Los que esnifaban en sitios de alcurnia, no, esos no eran drogadictos. La visualización del drogadicto casi se ha perdido. Hay muchos programas para intercambio de jeringuillas y una serie de tratamientos médicos permiten que el adicto no esté tan deteriorado. Raro es el barrio donde no hay puntos de atención a estas personas para tomar un café, charlar, ýTodo ello no quiere decir que la droga no haga escarnio en la alta sociedad, en la media y en la baja. ¿Sigue habiendo puntos de venta de droga? Eso lo sabe, con perdón, hasta el policía más tonto. Aquí hay una enorme responsabilidad de las administraciones.

-Me imagino que los problemas llegan por las pequeñas cosas: no poder coger un taxi, ý

-Es curioso cómo se percibe el Sector Sur. Para gente que vive más allá del río, los problemas empiezan pasado el puente de San Rafael. Los que viven allí, dicen que el problema empieza cuatro calles más arriba de la carretera de Granada. Y así sucesivamente. La gente de aquí está más preocupada por la fama que se tiene fuera del barrio que por las propias situaciones conflictivas.

-También habrá visto historias de superación.

-Sí, gente enganchada desde adolescentes que han encontrado un trabajo, una compañera y tienen familias estupendas. Hay gente que ha logrado reincorporarse viviendo en la misma situación, con lo difícil que ello es. Salir de prisión y volver al barrio es complicado porque vuelves a lo mismo. Hay que echarle dos huevos para cortar con todo eso. Pero es que lo positivo nunca sobresale socialmente. Un carpintero o un pintor no se valoraý Conozco casos, sobre todo, de gente que ha criado a su familia fuera, rompiendo con el ambiente, donde es posible empezar de nuevo.

-¿Sigue considerándose un cura obrero?

Sí. Yo me ordené de cura en 1966, estuve cinco años en Puente Genil y vine a Córdoba en 1972. En 1978, con otro compañero, pusimos una imprenta que tuve 25 años. Me sigo considerando cura obrero y mantengo el contacto con gente que ahora pasa los 60. Estábamos influidos por los sacerdotes franceses coincidiendo con el Vaticano II, donde la Iglesia se abre a la gente. Siempre había pensado que quería ganarme el pan con el sudor de mi frente, vivir de mi trabajo, tener el riesgo (aunque nunca lo tengas del todo) que tengas que buscarte la vida, ý Los curas seguimos siendo privilegiados y tenemos que encarnarnos con la gente, vivir sus mismos problemas. No puedo evitar ser quien soy, tener mis ideas, mis estudios o mi cultura. He intentado ser fiel, vivir con la gente, en un bloque, en los bares, en los peroles, atender lo que se presenta. Incluso el trabajo en el área de rehabilitación, o en una ONG, tiene una faceta pastoral.

-La Iglesia hoy no va por ahí.

-No, por lo menos la que se expresa más. Pero dogmas de fe no hay tantos. Aunque no estoy de acuerdo con determinados planteamientos, respeto que los expresen así igual que quiero que respeten los míos. Quiero vivir mi fe en profundidad, ser fiel a Jesús y a las personas. E históricamente hay varias formas de vivir eso. En los cuatro primeros siglos de cristianismo, la comunidad cristiana estaba organizada de una forma totalmente distinta.

-¿Le han planteado alguna vez un traslado, ser sacerdote en algún otro sitio, tener alguna responsabilidad?

-Hace 25 años, me plantearon irme a otro barrio o a un pueblo. Y yo no me negaba, sino que veía que me lo proponían porque no les gustaba que yo estuviera en este barrio. No eran razones ni justas ni limpiasý

-El consejo de CajaSur tampoco se lo han ofrecidoý

-No, no (risas). Seguro. Aunque Miguel Castillejo y yo somos paisanos, y él me preparó para venir al seminario, cuando estaba él de párroco en Fuente Obejuna. Hasta ahí no he llegado.

-¿Cómo ve estas cosas de la caja y la Fiscalía Anticorrupción?

-Yo no veo bien que la Iglesia, o al menos una parte que son las seis dignidades del cabildo (que antes se elegían por oposición), tenga bancos ni cajas. Hay gente que lo justifica, yo no. La Iglesia ha estar en otros sitios, con la gente que sufre, con los oprimidos. Porque eso tiene unas causas.

-¿Escucha la COPE?

Alguna vez, como sacrificio de cuaresma. Esta mañana he escuchado a Jiménez Losantos y uno tiene que hacer un sacrificio, de verdad.

-¿Y la convivencia con los evangelistas, cómo la lleva?

Sí, ellos trabajan mucho el mundo gitano. En una ocasión me propusieron hacer algo conjunto con el tema de la droga, pero no veía lo que me planteaban, una convocatoria conjunta con micrófonos y tal. Si su labor ayuda a exteriorizar la fe y a mejorar la sociedad, bien está. No me cierro en absoluto a trabajar con ellos.

-¿Existe la vitalidad de otra época en el movimiento vecinal?

No, qué va. Yo he sido presidente de La Unidad y de la Federación de Asociaciones de Vecinos, conozco el movimiento vecinal en Córdoba, Andalucía y todo el Estado. Las asociaciones hicimos un esfuerzo por impulsar la creación de otros colectivos. Surgían bastantes ONG o las asociaciones de padres y madres, en alguna de las cuales participé, yo, que no tengo hijosý Las asociaciones de vecinos posibilitaron que otros participaran porque era, prácticamente, lo único que había. Ahora ya los temas están deslindados. Entonces, dábamos clases de educación de adultos hasta que la Junta, que era quien tenía que hacerlo, asumió ese trabajo. En la parroquia tuvimos trabajadora social hasta que el Ayuntamiento creó su red de asistentes sociales. Las parroquias también hemos hecho realizado supletoria a las administraciones.

-Pero es importante que exista un contrapoder ajeno al presupuesto público.

-Claro. Pero es que la sociedad ha cambiado y los vecinos no tienen el mismo nivel de conciencia que hace 25 años. Los colectivos eran mucho más grandes, reivindicativos y la gente tenía conciencia de los problemas. Hoy las movilizaciones son problemas puntuales. Se reivindican cosas concretas, la limpieza de una zona de un jardín, una papelera o una caca de perro pero no problemas solidarios y comunitarios. Las asociaciones de vecinos somos hijos de nuestro tiempo.

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