El primer viaje del AVE a Málaga deja a Córdoba a sólo 45 minutos

  • El tren inaugural de alta velocidad alcanza los 300 kilómetros por hora de velocidad punta · El paso por el Valle de Abdalajís se realiza sin problemas a pesar de que las obras acabaron hace dos semanas

Nunca nadie tardó tan poco en un viaje por tierra entre Córdoba y Málaga. Ayer, el AVE batió todos los récords. A las 14.30, se cerraban las puertas del tren modelo S-103 en la estación de alta velocidad María Zambrano de Málaga. A las 15.15, se volvían a abrir en Córdoba. 45 minutos justos para cubrir una distancia de 155 kilómetros, alcanzando velocidades punta levemente superiores a los 300 kilómetros por hora. Era el viaje de vuelta. En el de ida, el inaugural, -con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a bordo- el tren fue un poco más lento: 49 minutos.

Ayer quedaron atrás los interminables atascos de la carretera de Málaga, las cerca de dos horas del antiguo Talgo curveando las cuestas del Chorro de Antequera o los infernales transbordos en Bobadilla. A partir de hoy, salir del trabajo en Córdoba y pisar la arena de la playa es cuestión de menos de una hora de viaje.

El tren inaugural llegó ayer a la estación de Córdoba con un poco de adelanto. A las 11.35, el aerodinámico S-103 -el tren más moderno de España- estacionaba en el andén número tres. José Luis Rodríguez Zapatero, acompañado por una radiante -por el día, la inauguración y por ser malagueña- ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, llegó a Córdoba pero no se bajó del vagón de la clase Club Al Andalus en el que se subió a las 10.00 en punto en Madrid-Puerta de Atocha. En el interior del tren, el presidente recibió a la alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar; al presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves; y al ministro de Asuntos Exteriores y diputado por Córdoba, Miguel Ángel Moratinos. De nuevo en marcha.

A las 11.43, el primer AVE con destino a Málaga se despedía de la ciudad de Córdoba, con más de un centenar de periodistas a bordo, más otras 200 personas entre responsables institucionales, trabajadores del ADIF y de Renfe, y personal de a bordo. Después de que se cerraran las puertas y de que el tren echara a andar, apenas dio tiempo a sentarse. La locura de los medios gráficos corriendo de un lado a otro y la de los redactores, preguntando a diestro y siniestro, se apoderó de un tren que en sólo 15 minutos volaba a 290 kilómetros por hora junto a Santaella. "¿Ya?", se preguntaban incrédulos algunos de los privilegiados pasajeros del tren inaugural.

Mientras tanto, el director general de la línea AVE Sur, Abelardo Carrillo, explicaba -en una improvisada rueda de prensa en un vagón- que el tren será capaz de alcanzar los 350 kilómetros por hora de velocidad punta dentro de poco, que en estos primeros meses de servicio no se superarán los 300 kilómetros de máxima y que la media rondará los 200. Precisamente por esto, la percepción visual por parte de los pasajeros de los edificios de las estaciones de Puente Genil y Antequera, donde el tren no paró, se hizo imposible. "¿Las hemos pasado ya?", se preguntaban otra vez los pasajeros cuando 20 minutos después de la salida de Córdoba una voz en off pronunciaba: "Atención, nos estamos aproximando a los túneles de Abdalajís". Este sorprendente anuncio, que se escuchó ayer por primera vez en un tren de alta velocidad en Andalucía, lo tiene que realizar Renfe por seguridad cada vez que uno de los trenes va a superar un túnel de más de cinco kilómetros de longitud. El del Valle de Abdalajís mide 7,5.

A las 12.13, el paisaje se oscurecía. Sólo 15 días después desde que acabaran las obras, el primer tren de alta velocidad repleto de pasajeros circulaba con total normalidad por el interior de los túneles más largos de Andalucía. Por seguridad, la velocidad del tren bajó hasta los 160 kilómetros por hora. A las 12.16 el paisaje se volvía a iluminar y la oscuridad se transformaba en un horizonte de montañas por el que el tren volaba en línea recta en una sucesión de viaductos y túneles. Parecía no tener obstáculos.

A las 12.25, ya se veía el aterrizaje de un avión. Segundos después, la torre de control del aeropuerto de Málaga, algunos pasajeros olían a pescaíto frito. A las 12.30, el paisaje se volvía a oscurecer al pasar por el soterramiento de las vías en el casco urbano de Málaga. A las 12.32, se volvía a parar el tren. Un suspiro de viaje.

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