El optimismo va en el sueldo

Hace dos años, por estas mismas fechas, el presidente de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, aprovechó el último Consejo de Ministros del año para hacer balance de 2006, y dijo con semblante muy serio en relación con el proceso de paz que vivía el País Vasco: "Estamos hoy mejor que hace cinco años, y tengo la firme convicción de que dentro de un año estaremos mejor que hoy". Dos días después, en plena tregua, ETA cerró el año con un brutal atentado contra el aparcamiento de la T-4 del aeropuerto de Barajas que dejó dos víctimas mortales.

Ayer, siguiendo la misma tradición, Zapatero se atrevió de nuevo a hacer balance de un año marcado, en esta ocasión, por la crisis económica y el incremento del paro, y aventuró que "el temor al colapso financiero ha desaparecido" gracias a las medidas adoptadas a nivel planetario. Y, además, expresó su esperanza de que en la segunda mitad de 2009 se produzca una ligera mejoría en un año que, eso sí, "va a ser difícil".

Llevado por su proverbial optimismo, capaz de convertir un tarro medio vacío en medio lleno, el leonés lanzó ayer un mensaje positivo a los españoles ante un año que tiene pinta de ser más horribilis aún que 2008.

Va en su sueldo capitanear con buena cara un barco que ante "una tempestad fuerte" debe, al menos, tener la fortaleza para hallar el rumbo hacia el "único horizonte de la recuperación económica". Puede que peque de falta de realismo, ante unos indicadores reiteradamente adversos y ante organismos internacionales y expertos que apuntan a una ligera y lenta recuperación más bien en la segunda mitad de 2010 o a principios de 2011, pero también es verdad que el calado de esta crisis ha tenido mucho que ver con la falta de confianza de todos contra todos. Y que Zapatero confíe en las potencialidades de España para salir adelante es lo mínimo que se puede despachar un presidente del Gobierno.

En cuando al líder de la oposición, da la sensación que el PP todavía tiene margen en el pesaje para encontrar a alguien que tenga el coraje de arrimar el hombro.

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