Una llamada al compromiso con la caridad

  • La Diócesis celebra el Corpus Christi por el entorno de la Santa Iglesia Catedral en una jornada en la que las altas temperaturas acompañaron a un acto de fervorosas fe y devoción

Los alrededores de la Mezquita-Catedral, llenos de público. Los alrededores de la Mezquita-Catedral, llenos de público.

Los alrededores de la Mezquita-Catedral, llenos de público. / Barrionuevo

La Diócesis de Córdoba vivió ayer un deja vu en el que unas calurosas fe y devoción se mezclaron con otro también muy caluroso ambiente, el de las altas temperaturas. Como aquel 27 de junio de 2015, día de la Magna Mariana celebrada para conmemorar el 775 aniversario de la consagración al culto católico de la Mezquita-Catedral, el día de ayer , el de un Corpus Christi que sigue desplazado del jueves al domingo, fue una jornada de imprescindibles abanicos y botellas de agua, armas semiperfectas para combatir, por decir algo, a ese enemigo de las procesiones que es el sofocante calor.

Los abanicos empezaron ya a batir en la eucaristía presidida por el obispo. Demetrio Fernández ya había prologado en su carta semanal "la fiesta grande del Cuerpo y de la Sangre del Señor [el Corpus Christi de 2017]", destacando que "es como una prolongación del Jueves Santo, cuando Jesús, la víspera de su pasión, cenó la pascua con sus apóstoles y al final de aquella cena instituyó el sacramento de la eucaristía y todos comieron aquel pan consagrado como el Cuerpo del Señor y bebieron de aquel cáliz la Sangre del Señor". "En esta fecha tan señalada se nos recuerda el compromiso cristiano de la caridad para con los demás. Coincidiendo con la fiesta del Corpus, celebramos el Día de Cáritas, como una llamada y una provocación al ejercicio del amor fraterno. Quiero agradecer a todos los que desde Cáritas hacen el bien a los demás", dijo, entre otras cosas, en esa misiva pastoral.

Ayer, el prelado, en la homilía de la eucaristía previa a la procesión, volvió a hablar de Cáritas. Puntualizó que ayer se festejó el día de Cáritas, "que no es una farsa ni cumplir un programa para que nos voten". Y señaló que el objetivo de Cáritas es hacer presente "el amor cristiano que se convierte en atención primorosa" a tantas y tantas familias que no tienen vivienda o tienen problemas que les desbordan. Dijo que Cáritas está presente y cercana y que, si no existiera, habría que inventarla. "Lo que entregamos a Cáritas tiene buen destino y una buena administración. Son demasiadas las familias a las que atiende Cáritas hasta donde puede", destacó el obispo.

Después, unos minutos más tarde de lo esperado, las puertas de la Mezquita-Catedral se abrieron y la Agrupación Musical Cristo del Amor se colocó a la cabeza para iniciar la marcha, mientras que la Banda de la Brigada Guzmán el Bueno X, con base en Cerro Muriano, esperaba para acompañar a cola de pelotón a la Custodia de Arfe. Tras la agrupación del Cristo del Amor caminaba medio centenar de niños y niñas -menos de los esperados, quizás por temor de los padres al calor- que ponían así el broche de oro a sus respectivas primeras comuniones, así como las hermandades de gloria y de pasión, seminaristas, sacerdotes...

La Custodia de Arfe hizo su aparición a la media hora de la apertura de las puertas y las campanas de la Catedral se hicieron sentir en todo el Casco Histórico.

Sobre una alfombra de romero, la comitiva discurrió por el entorno del primer templo de la Diócesis, y desde la Puerta del Perdón continuó por Cardenal Herrero, Magistral González Francés, Corregidor Luis de Cerda, Cardenal González, Cruz del Rastro, Ronda de Isasa, Puerta del Puente (donde tuvo lugar el acto de adoración al Santísimo), Torrijos, Cardenal Herrero y Puerta del Perdón, para concluir en la Catedral.Volvieron a destacar la decena de altares que las hermandades habían preparado en esas zonas de paso. Preciosos los de la Expiración, la Sangre, el Carmen de San Cayetano o el Remedio de Ánimas, entre otros, así como el que recordaba a los mártires claretianos, ubicado en uno de los costados del primer templo. Todos ellos para dar vida a un Corpus Christi al que el calor de la fe y la devoción venció por goleada al otro calor.

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