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La judicatura cordobesa dice adiós a la Audiencia

  • Varios magistrados rememoran sus vivencias en el edificio de Vallellano que cierra ya sus puertas

Parte del personal de Justicia de la Audiencia, durante la despedida del edificio. Parte del personal de Justicia de la Audiencia, durante la despedida del edificio.

Parte del personal de Justicia de la Audiencia, durante la despedida del edificio. / el día

El presidente de la Audiencia Provincial de Córdoba, Francisco de Paula Sánchez-Zamorano, reunió ayer a gran parte de los protagonistas de la historia de la judicatura cordobesa para despedirse del edificio que ha acogido desde 1979 al máximo órgano judicial de la provincia. "Los mejores recuerdos de mi vida resuenan en los ecos de estas paredes ya medio desiertas" confesó Sánchez Zamorano en la sala de vistas del Tribunal del Jurado, en la sección Segunda, que concentró a magistrados históricos en el adiós a unas instalaciones en las que ya sólo quedan las tres secciones de la Audiencia Provincial, las últimas en el traslado a la nueva Ciudad de la Justicia.

El magistrado jubilado Antonio Fernández Carrión recordó junto al secretario judicial de la Sección Primera, Juan Carlos Fernández, algunos de los casos enjuiciados. "Nos llegó un caso donde denunciaban a una ganadería porque los novillos que habían comprado no embestían" relataron. "Pero si han comprado ustedes a precio de carne, no pueden ser Isaías y Tulio Vázquez", bromeó el juez, toda una institución, pues impartió justicia tanto en la anterior sede de Gran Capitán como en el edificio de Conde Vallellano, que este mes acaba con casi medio siglo de vistas celebradas.

Los mejores recuerdos de mi vida resuenan en los ecos de estas paredes"Fco. Sánchez ZamoranoPresidente de la Audiencia

Otro protagonista de la historia de la judicatura cordobesa, el juez Antonio Puebla, que ha vivido 44 años de carrera judicial, señaló que "en proceso judicial se ve lo peor, pero también la calidad humana de las personas, cualquiera puede cometer el error de delinquir".

Por su parte, el presidente de la sección Segunda, José María Magaña, condecorado con la Cruz de primera clase de San Raimundo de Peñafort, valoró la Audiencia de Córdoba por ser "un referente en la unidad de criterios en cualquier materia, tanto en violencia de género, como ordenación de territorio" e indicó "lo bonito de nuestro trabajo, al ser una Audiencia mixta, es que tramitamos toda clase de casos, civiles y penales". Magaña rememoró "lo difícil que fue el llamado caso de la nariz, un asunto juzgado hace más de 20 años, con policías, muchos testigos, sesiones eternas", aunque "tanto en los casos complejos en sala como en el día a día, en este edificio nos hemos dejado la piel".

José Carlos Martínez Roa, el últimos de los magistrados en llegar a la Audiencia cordobesa y "quién más traslados ha tenido en el mismo edificio, hasta cinco", resaltó que "en penales el ritmo es diferente, estás en el pulso de la realidad", pero "en la Audiencia tienes que consensuar, reflexionar sobre todas las posibilidades, matices, todo se acaba aquí salvo lo que vaya al Tribunal Supremo (TS)". Martínez Roa se prestó, en ese ambiente distendido tan poco habitual en las vistas, incluso a reflexionar sobre la justicia. "Uno intenta ser justo siempre pero no podemos olvidar que nos ceñimos a un marco legal que nos obliga a dictar resoluciones en un sentido o en otro", algo que, en su caso "no es más que la vida misma donde hay que tratar de aplicar el sentido común con las posibilidades que tenemos".

El juez José María Morillo también aprovechó el reencuentro con los compañeros que han pasado y con los que ahora comparte día a día para evaluar la judicatura como "un camino de éxitos y fracasos que nos conlleva una responsabilidad de servicio para los ciudadanos" y añadió que "la satisfacción de hacer tu trabajo lo mejor posible es lo que tiene que primar".

Recordaron además vivencias con la parte menos visible pero que más contacto llega a tener con quien se enfrenta a un procedimiento judicial, los funcionarios. Así, Carmen Castel contó que "para nosotros los casos no son papeles, cuando estamos en sala sufrimos sobre todo cuando las víctimas son niños o mujeres" y añadió que "vamos a echar de menos este edificio".

Casos mediáticos como el de José Bretón, pero otros menos sonados pero que cambian por completo la vida de la gente, como las herencias, son pinceladas de lo que han vivido las paredes de un edificio que a final de mes "quedará visto para sentencia".

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