religión

El calor que aviva el fervor del Alcázar Viejo

  • La Virgen del Tránsito vuelve a protagonizar la procesión más característica del verano litúrgico ante los ojos de sus vecinos y de un gran número de turistas

Niños de esclavina, abriendo el cortejo. Niños de esclavina, abriendo el cortejo.

Niños de esclavina, abriendo el cortejo. / reportaje gráfico: barrionuevo

El resplandor que el Alcázar Viejo vio palidecer en mayo vuelve a llenarse de vida un 15 de agosto. La ciudad semivacía renace en una esquina del Casco Antiguo cada año en esta fecha como si vecinos y turistas quisieran dejar claro que Córdoba también disfruta aunque sea a 40 grados. Pero se disfruta de manera contenida en un día como éste, el de la Asunción de la Virgen, que aquí es la del Tránsito, y más aquí todavía se le llama de Acá.

El barrio vivió una jornada festiva durante todo el día y que a las 20:00 se tornó en fervor religioso para que las puertas de la parroquia de Nuestra Señora de la Paz se abrieran y el olor a incienso se mezclara con el calor que no acusó desgaste alguno entre quienes viven cada cita cofrade como un día grande. Puntual salió el pequeño cuerpo de acólitos de la parroquia para primero andar por el barrio y luego caminar hacia la Judería. Eran muchos los allí concentrados, se vio a jóvenes cofrades que no pierden ni una pizca de la pasión que les envuelve en la semana grande y señoras mayores que buscaban a la sombra el mejor sitio para ver la salida de la Virgen.

La banda Tubamirum de Cañete de las Torres volvió a acompañar a la Virgen

La del Tránsito es una procesión del pueblo, de barrio, de un Alcázar Viejo que le dice cariñosamente de Acá para diferenciarla de la Virgen del mismo nombre que acoge San Agustín. Y la situación del barrio supone además que la procesión se luzca ante los ojos de turistas que echan la vista hacia arriba para contemplar sorprendidos cómo la imagen reposa en una urna acristalada, tan sólo por la parte de arriba, de un tamaño considerable.

Aquí no hay nazarenos, quizá la figura más identificativa de la Semana Santa, por lo que los foráneos miran a un lado y a otro como intentando entender por qué huele a incienso y por qué el silencio invade una zona que hace apenas unos minutos era algarabía. Ese mismo silencio que rompía, a veces alegre, y a veces de manera contenida, la banda de música Tubamirum, de la localidad de Cañete de las Torres, que un año más volvió a ser el acompañamiento musical de la procesión más veraniega del calendario litúrgico.

Desde su templo, el paso discurrió hasta Caballerizas para callejear hasta la Mezquita-Catedral, donde la imponente imagen dejó estampas para el recuerdo al cruzar un Patio de los Naranjos que a esta hora no suele estar abierto. Así pudieron aprovechar los ajenos y los propios la salida de la Virgen de Acá para disfrutarla antes de que entrara al mayor templo de la Diócesis que, tras los actos litúrgicos correspondientes, abandonó para dirigirse de nuevo hacia su casa por la Ribera, donde el fresco ya empezaba a ser mayor.

No faltaron además las imágenes más tradicionales. Mesas bajas con higos chumbos se salpicaban por la zona otorgando a la procesión un aire aún más popular, que no pierde desde finales del sigo XIX, periodo en el que se estima que la Virgen procesiona cada 15 de agosto. Una fecha, además, donde salvo sorpresa, nunca hay peligro de lluvia, por lo que los devotos tienen segura la salida sin fenómeno meteorológico que la empañe.

De regreso a casa, la Virgen del Tránsito se acompañó ya de los más cercanos, de sus vecinos y de sus hermanos. De costaleros que sufrieron las altas temperaturas con buena cara, de un cuerpo de acólitos compuesto de hombres en traje y mujeres de mantilla, también impasibles ante el calor de agosto. Volvió un año más la Virgen de Acá a poner la nota cofrade a un verano que en el Alcázar Viejo es diferente.

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